Brum. ¿Qué dices?

Olig. Digo que entre nosotros mora.

Brum. ¿Entre nosotros y callábaslo? dímelo luégo dónde está; no dubdes de lo decir, que aunque esté allá léxos in finibus terræ, do Hércules situó sus columnas, ay, ay, voto á tal, le iré á buscar.

Cel. Y calla, por Dios, no le hagas mal, que es un niño ciego, hermoso, doliente, desnudo y guarnido de saetas.

Brum. Séase quien se fuere, mozo ó niño, ó viejo ó diablo, decidme luégo dó está. ¡Oh bellaco! ¿abad y ballestero? ¿Es dios y frechero?

Olig. Es amor heroico.

Brum. ¿Herrero? eso me declara que no se escapará aunque sea el dios Ulcano con todos los ciclopas sus herreros.

Olig. ¿Sabes tanta poesía y no sabes quién es Cupido?

Brum. A unos escholares oí estos nombres, pero nunca oí mentar á Cupido.

Cel. Es una sabrosa fuerza de la voluntad, un fuerte pensamiento en la cosa amada con esperanza de alcanzalla.