Si supiera así quexarme como sé sentir la pena que me das, ántes falleceria papel para escrebir y tiempo para decir que quexas para que oyeses, pero hállome tan falto de discrecion para te las declarar cuan sobrado de desventura; corazon tengo para sufrir pasiones, lengua me falta para te las decir, porque la mucha pena dél no consiente otra cosa, ni da lugar sino que siempre me quexe sin poder dar razon de mi dolor. Esto solo te sabria decir, que no ménos alegre me haria la muerte que me hace triste tu disfavor, porque si soy dichoso en servirte y desdichado en mis servicios, tú cumplida de hermosura y abundosa de crueldad; así que lo uno me hace venturoso en ser tu cautivo, y lo otro malaventurado en que no me aceptes por tal, que cuanto más con mi deseo mi vida á tí ofrezco, tanto más con la esperanza me huyes. Herísteme con tu vista y prívasme de ella por quitarme todo remedio. Si me faltaste tu palabra porque á mi merecer fallece, no te culpo, que ya lo veo que tan sobrada eres de merecimiento cuan falto mi conocimiento para lo estimar y mi poco valor para recibir tu gracia. Pero todavía se te condena, porque quebraste sus lazos fuertes; virtud te obliga á que no seas matadora, piedad te convida á que hayas compasion en mi cuita, y á mi pena me excusa que me hace osado de lo que tu grandeza me decia que temiese. Pluguiese á Dios que esta que he dicho te la supiese tambien decir como tú causarme la muerte, que ni yo quedaria sin remedio, ni tú sin satisfaccion de las mercedes, porque con el agradecer y no olvidar pensaria de te pagar, ya que con otra cosa no pudiese. Agora te sirvo con todo lo que puedo, con el entendimiento en consentir la prision de mi libertad, que tú la enseñorees con la razon en ordenarlo así como tú lo mandas, con la voluntad en querer siempre quererte, con la memoria en nunca olvidar la que se aposentó en mi pensamiento; y cuanto yo más con todas mis fuerzas sacrifico á tí mi tormento, tanto más con crueldad me galardonas, de manera que siendo liberal en ofrecerte mi vida y todo lo que la sostiene, eres tú avarienta en el rescate de ella. No sé qué te mueve hacer tan poco caso del que mucho te ama; no es por cierto de personas generosas galardonar con menosprecio y olvido, ántes las pagas hacen mayores que los trabajos merecen. No te maravilles que sea importuno en pedirte mercedes, pues tú no cesas de atormentar mi corazon, que nunca vi toro tan agarrochado que más no esté él con tus crudas saetas. Solo esto te suplico, con lo cual ceso, que volviendo los ojos de tu misericordia á las prisiones que en tu fe sostengo, así mis pasiones con obra remedies, como por mis palabras conoces y entiendes mi necesidad.
Ros. En buena fe, sí haré, mi señor. ¡Oh pertinaces orejas mias, que sufristes oir palabras de tanto dolor y sentimiento! ¡Oh crueles ojos, que atinastes á leer tan apasionada letra sin mucha copia de lágrimas! ¡Oh empedernido corazon, que calor de tanto fuego no bastó á enternecer tu dureza en pesar de su pena, y en congoxa de su fatiga, para que mis ojos, como fuentes, manáran agua con que regasen estas abrasadas pinturas, y mi boca pregonase con sospiros la angustia que me aumentaba cada renglon, cada palabra y cada letra!
Mel. Señora, encubre tu pasion y disfrázala con alegría lo mejor que pudieres, no la entienda tu madre por lo que te ve hacer, que si anoche no os hablastes, esta placiendo á Dios gozarás de tu querido, que no se puede decir sin tiempo aquello que en todo tiempo viene bien y se puede hacer. Sosiega tu corazon y ten reposo en el cuerpo, que, pardios, si miran en ello, fácilmente conozcan todos de qué pié coxeas.
Ros. Do amor se aposenta ningun reposo consiente, y do fuerza viene derecho se pierde.
Mel. Señora, límpiate los ojos y toma la labor, que á Beliseno sentí hablar, no suba acá.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA
DEL TERCERO ACTO.
Va Brumandilon á casa de Celestina muy más ancho que largo, porque Lisandro le ha recebido por criado. Acompaña á Celestina, que va á llevar la sabrosa y alegre nueva á Lisandro. En el camino topan á Oligides. Cuéntales un chiste muy donoso que le acaeció en casa de su Carmisa. Da la deseada nueva Celestina á Lisandro. Concierta que á las doce de la noche escale por la huerta. Dale diez doblas Lisandro y confírmale la merced del casamiento de su sobrinas.
BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO.
Brum. No sé; voto á tal, cómo mi nombre no es mentado por toda Castilla, pues mi fama vuela hasta las Italias. Claro está, Celestina, que si Lisandro no viera en mí demasiada fortaleza y una furiosa braveza, mis valentísimas fuerzas y valerosas hazañas, que no me recibiera por principal hacedor en el trance de sus peligros.