Olig. En todas las cosas, señor, guardar el medio es loable cosa, ó no digna de tanta culpa como sería exceder en los extremos; yo, si peco, con templanza peco.

Lis. ¿Qué excesos me ves tú hacer?

Olig. Meterte en el amor en quien, como dice el cómico, todos estos vicios reinan, injurias, sospechas, enemistades, envidias, celos, iras, pecados, vigilias, paz, guerra, tregua.

Lis. La aguja de mi razon enderezará esa nao de confusa discordia.

Olig. Señor, la cosa que en sí ni tiene consejo, ni órden recibe, regirse con razon no puede.

Lis. Ay, ay, ay, miserable me siento, la vida me es enojosa, ardo en amor, vivo me quemo, y muero y no sé qué me haga.

Olig. Basta las penas y pesadumbres que consigo el amor acarrea, sin que tú más le añadas.

Lis. De tí me quexo, que me puedes remediar y no quieres.

Olig. Buena medicina te daba si la conocieras; pero, pues dices eso, aunque poco puedo, mis fuerzas pondré en servirte en este negocio, y no me acuses cuando salieres del yerro en que estás metido, y plega á Dios que en paz salgamos todos, y no seamos tus servientes cebo de anzuelo ó carne de buitrera.

Lis. ¿Qué piensas hacer?