Lis. Pues, ¿por qué no salió ayer?

Cel. Lo que yo adevino es, ó que Beliseno la estorbó, que ni sé en qué ni en qué no se anduvo, segun me apuntó Melisa, ó no osó salir de empacho. Pero agora que ajeno señorío manda su voluntad, no será en su mano dexar de salir.

Lis. Mas si vió á su hermano, que fasta cuasi las doce se detuvo por allí con sus criados, y por eso dexó de salir.

Cel. Eso sería.

Brum. ¡Oh pese á tal! porque ahí no me hallé, que no creo en la puta que me parió, si no le cortára las piernas y con ellas le diera de palos.

Cel. Señor, pues todo queda hecho, loores á Dios, yo me voy y mándame, que yo y aquella casilla pobre estamos á tu servicio; y ten por encomendadas aquellas mis dos sobrinitas.

Lis. ¡Oh verdadera salud mia! ¿y vaste? pues suplícote que en todas tus necesidades acudas acá, que de mí y de todo cuanto tengo te puedes servir como cosa propria; desotro pierde cuidado, que muy presto habrás recabdo.

Cel. En buena fe, mi señor, no con ménos voluntad de servirte que de salvar mi ánima, haré lo que me mandáres, y quédate á Dios.

Lis. Mozos, acompañad á la señora hasta su casa. Oligides, Oligides.

Olig. Señor.