Lis. ¿No me dais el parabien de los triunfos de mis fatigas pasadas? Despléguense ya las encogidas banderas de mi tristeza, levántese el pendon de mi alegría, y la devisa y blason de mis armas sea esta victoria labrada en campo morado, los extremos bordados en torno con este letrero:
Lisandro y su Roselia,
Dos amantes y uno son
En alma y en corazon.
¡Oh Piérides musas, si mi gloria á vuestros oidos veniese, cómo la cantaríades desde el monte Parnaso y Helicon! ¡Oh si vivos fueran el gran poeta Homero y Virgilio, como metrificáran con sus versos heroicos el proceso de mis amores! ¡No acaeciera este mi hecho en tiempo de Herodoto ó Thucídides, en tiempo de Salustio ó Tito Livio para que su estilo elocuente lo empleára en materia tan copiosa!
Eub. Bobear.
Brum. Por vida de tal señor, que estamos acá hombres, sin ésos, que sabrémos emplear nuestras fuerzas en tu servicio, y áun sustentaré que soy para más que todos esos hombres de armas que has mentado.
Lis. Calla, que son historiadores coronistas.
Brum. Eso bien.
Lis. Cerrad esas puertas, y satisfagamos de sueño á las noches pasadas.