Eub. Si el apetito creyese á la razon, y de las cosas pasadas argüises las venideras, fácilmente confesarias no sólo hastío, mas vómito, pesadumbre y enojo haber traido á muchos las cosas que más amaban. El décimo y último remedio es el nuevo amor, que amores nuevos olvidan viejos, que, como un clavo expele otro clavo, y una fuerza quita otra fuerza, así un amor saca á otro, que lo que una mora tiñe con otra se despinta, y este último remedio aunque á Artaxerxes, rey de los persas (el cual Asuero llaman las sagradas letras), haya seido útil y provechoso, segun cuenta Josefo, pero porque no es bueno salir de un lodo y entrar en otro, no te lo aconsejo.
Lis. El remedio que yo busco es no hallar cosa que me pueda estorbar ó desviar del amor de mi señora.
Eub. Ella te pondrá del lodo, al fin no hay peor saber que no querer.
Lis. Calla, bobo, que sabes poco del mundo. No miras lo que dijo aquel sabio emperador, hombre que no es enamorado no puede ser sino necio.
Eub. Habló entónces como viejo, loco y necio. Yo digo que hombre que es enamorado, no puede ser sino loco y sin seso; pues la nobleza del alma la subjecta á la servidumbre de la carne y á una flaca mujer.
Lis. Ora, sús, déxate deso, y lleva este conocimiento á Celestina, con que cobre de mis arrendadores trescientas doblas para casar sus sobrinas.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA
DEL CUARTO ACTO.
Eubulo llegado topa con Oligides y Brumandilon, á los cuales, como viese la vida ociosa que traian, repréndelos de sus vicios. Donde el buen Eubulo hace una declamacion contra los ociosos, y especialmente reprende á Brumandilon porque es tan fanfarron. Llega Celestina, dale Eubulo el conocimiento, y despues de dado, tambien la castiga de palabra ásperamente por sus alcahueterías. Y al fin del acto declama contra todo género de hombres que mal viven. Este acto es muy provechoso y devoto.
EUBULO. — OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA.