Eub. Aquél es Oligides y el otro Brumandilon, si los ojos no me engañan; de casa de la buena vieja salen.
Olig. ¿Dónde bueno, Eubulo?
Eub. Voy á dar este conocimiento á Celestina.
Brum. No la hallarás en casa, que es ida á audiencia sobre el pleito de Angelina con Sancias, que en buen són anda.
Olig. ¿Y no se dió ya sentencia por Sancias, estudiante?
Brum. Es el diablo mi vieja. Cepola no inventó más cautelas de las que ésta sabe.
Olig. Cuéntame eso.
Brum. Urde Celestina que se vean juntos Sancias y Angelina, y vistos, dice así: á Angelina, ¿tú tomas por marido á Sancias? ella responde: sí; ¿y tú, dice á Sancias, recibes por mujer á Angelina? Sancias dixo: sí, bobo es el mozo que lo hará. Entónces acude Celestina: sed testigos, señores, cómo tomó Sancias por mujer á Angelina, y concedió que sí; y sobre este sí, fueron á pleito. El juez, oidas entrambas partes, no supo determinarse, porque Celestina prueba que Sancias hizo pausa en el sí, y que despues añadió lo siguiente. Sancias concede haber dicho aquellas palabras, pero que corria la sentencia, y que con aquella palabra, sí, no afirmaba cosa alguna, ántes burlaba con ironía de no lo hacer. Celestina replica que las palabras hanse de entender segun el sentido literal, y no segun el entendimiento irónico ó metafórico, y que dado que Sancias las pronunciára conforme á su propósito, pero que la Iglesia no juzga segun la intencion interior, sino por las obras y palabras exteriores que denotan consentimiento. Y desta manera el juez, convencido así por las razones de Celestina, como por otras causas particulares que entre él y Celestina habian, sentenció por Angelina.
Olig. No pensé que tanta era la fuerza de Celestina, que bastára á corromper las letras, pero allá van leyes do quieren reyes.
Eub. Mas ¿qué entrar y salir haceis en su casa? Nunca os veo sino ir y venir de allá; vida de holgazanes es la vuestra. ¡Oh ocio, ocio, cuántos vicios acarreas á los hombres! tú mantienes la luxuria, tú entorpeces el cuerpo, tú enflaqueces el espíritu, tú ofuscas el ingenio, tú disminuyes la sciencia, tú embotas la memoria, tú traes olvido, tú revuelves familias, tú trastornas las ciudades, tú hundes los reinos, tú levantas bandos entre parientes, tú desconciertas las repúblicas; no sin causa Platon loa tanto el trabajo, cuando dice que los ramos de la virtud crecen con el trabajo; y con verdad, que, como la tierra si no se ara y se labra engendra abrojos y espinas, y labrada y sembrada fructifica, bien así la natural inclinacion del hombre para el bien, si no se exercita con buenas obras, queda manca, y hínchese muy presto de vicios; y vicio y virtud contino entre sí pelean con gran batalla, como introduce Prodico en Xenofon. La virtud, dice Hesiodo, está puesta allá en una alta, áspera y ardua roca y en una deleznable cuesta y pedragosa peña. Píndaro dice que los trabajos y peligros son compañeros de la virtud. Creedme, hermanos, que no sin muchos trabajos se alcanza la gloria.