BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — REBOLLO. — DROMO. — ROSELIA. — MELISA.

Bel. Mozos, ¿no veis qué gran deshonra y infamia dexa esta mala hembra á mi linaje?

Cas. Las cosas comunes y que acaecen en personas reales y en casas de grandes, no se han de poner en cuenta de alguna mácula, ni es bien mirado que la culpa de una sola decienda á toda la generacion.

Bel. ¡Oh, calla! que las gentes no miran nada de eso, ántes todas ponen los ojos en aquellos que en alto estado fortuna puso, y más ayna ven en ellos la pequeña mancilla, que en los baxos la gran fealdad.

Cas. Por mí fe, señor, más vergonzosa infamia es el adulterio de la propia mujer que el yerro de la hermana; pero es cosa tan frecuente, tan usada, tan comun en todas las naciones, y más la española, que apénas escapa alguno sin alguno ax, y no te cuento exemplos de los que poco há que fueron y agora son presentes, lo uno, porque sería materia para hacer larga historia, lo otro, por no ofender la fama de los que viven; alargo, pues, los testigos de reyes y emperadores, los cuales, por ser más injuriados que tú, te pondrán algun consuelo. Filippo, rey de los macedones, tuvo por hijo á Alejandro Magno, señor del mundo, y por su mujer á Olimpia, adúltera; Ptolomeo fué rey de Egipto, y marido de aquella infame y desastrada Cleopatra; Agamenon, capitan de los griegos, él peleaba en Troya, y su mujer, Clitemnestra, se holgaba con su amigo Egisto en Argos; Minos, rey de los cretenses, hubo desdicha en el adulterio de Pasifae; Sylla, dictador de los romanos, no sólo por Roma y toda Italia, mas por Aténas y toda Grecia fué notado, entre otras cosas, por cornudo. ¿Qué te diré de Agrippa, yerno de Augusto César, cuya mujer Julia fué tan disoluta, que, ni la virtud de su marido, ni la majestad de su padre, de aquel vicio apartarla pudieron? y su hija Julia heredó nombre y hechos de la madre, la cual cometió adulterio á Severo, su marido, y Domicia á Domiciano, y Herculanilla á Claudio Tiberio, emperador, el cual fué tan desdichado en esto de los cuernos, que otra mujer que tuvo, llamada Mesalina, oprobrio y vituperio del imperio romano, mientra él dormia, ella de noche corria las puterías de Roma, y creo que no hubo burdel en la ciudad que sus espaldas no estrenasen. ¿Pues á Sifaz, Masinisa no le robó la mujer, y á Filipo, Heródes la suya? Y á Menelao Páris le sacó la mujer del templo de Apolo y se la llevó á Troya, y á otros muchos.

Bel. Poco me consuelan duelos ajenos; quisiera yo escarmentar en cabeza ajena, y no en la mia.

Cas. A lo ménos no será esta mancilla notada en tu linaje, pues otras peores se hallan en illustres casas de reyes y grandes, cuanto más que en el buen paño cae la raza.

Bel. Con matar á él y á ella vengaré esta injuria y satisfaré á mi honra.

Cas. Tarde vino el gato con la longaniza; ¿despues de hecho piensas poner remedio?

Bel. Más vale tarde que nunca. Por eso vamos al huerto, que es hora, ántes que los otros vengan. Escondeos todos tras esos árboles, quedo, no hagais ruido y seamos sentidos.