Eub. Nunca á los suyos Dios les falta.
Olig. Quédese esta disputa para otro dia, y véte tú con Dios á tu casa, Celestina, y nosotros aguijemos, no pregunte por alguno Lisandro y no halle á nadie.
Brum. Bien dices, que mucho hemos tardado.
Olig. Anda, Eubulo, ¿qué vas pensando?
Eub. Cuán muchos se condenan, y cuán pocos se salvan, y cuán abierta está de dia y de noche aquella puerta del triste Pluton, cuán ancho, cuán pasajero y cuán real camino es el que guia á la muerte eterna. Por él se van espaciando los reyes, los duques, los condes, los caballeros, los hidalgos, los oficiales y pastores. Por ahí se pasean los pontífices, los cardenales, los arzobispos y obispos, los beneficiados y sacristanes, con un descuido, como si nunca hubiesen de llegar allí donde los halagos de la vida, los regalos del cuerpo, las honras, las riquezas, los favores y todos sus pasatiempos se volvieran en lamentaciones y llantos perpétuos. Ahí serán atormentados muy cruelmente los papas que dieron largas indulgencias y dispensaciones sin causa, y proveyeron las dignidades de la Iglesia á personas que no las merecian, permitiendo mil pensiones y simonías. Ahí los obispos y arcedianos que proveen mal los beneficios, teniendo respecto á sus parientes y criados, y no á los doctos y suficientes. Ahí los eclesiásticos profanos y amancebados. Ahí los reyes que tiránicamente gobernaron sus reinos, y los que no dieron los oficios y cargos, que suelen proveer, á personas de merecimiento. Ahí los duques y condes, y los grandes señores que á sus tierras y vasallos con muchos tributos molestaban. Ahí los caballeros enamorados. Ahí los letrados que no juzgaron conforme á derecho y verdad, y no obraron segun sus letras les enseñan. Ahí los logreros y usureros, los oficiales, los mercaderes y tratantes que llevan más del justo precio por la cosa que venden, y con juramentos falsos cambian sus haciendas. Ahí los criados lisonjeros que con lisonjas quieren ganar las voluntades de sus amos, conformándose con ellos en bueno y en malo. ¡Oh terrible descuido de los hombres! ¡oh desvarío loco! como si no hubiese otro mundo, y no hubiesen de fenecer todas las cosas dél, así hacemos hincapié en lo que presto habrá fin.
Olig. En casa estamos, hártate agora de predicar, que no te oiré más.
Brum. Ni yo ménos.
¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA
DEL QUINTO ACTO.
Entra Beliseno, hermano de Roselia, con sus criados hablando la gran mengua que en su linaje habia causado Roselia, su hermana. Su escudero Casajes consuélalo con muchos exemplos. Beliseno determina de matar á Lisandro y á Roselia y á los demas. Manda esconder sus mozos por el huerto con ballestas armadas.