Lis. Cuanto en tu ausencia, señora mia, soy poseido de tristeza, tanto en presencia tuya gozo de la alegría.

Ros. No ménos, en buena fe, señor mio, con tu venida mi corazon está lleno de gozo, que lastimado con tu tardanza era enemigo de alegría.

Lis. Si la memoria de tu hermosura no hobiera seido refrigerio de mis pasiones, ellas presto me consumieran.

Ros. ¿Y eso, señor, no olvidas tus mañas?

Lis. Gloria mia, si te besé y dí paz, fué por quitar la guerra de mi corazon.

Ros. Ea, señor mio, dexa estar las ropas en su lugar.

Lis. Si las hiedras que andan pecho con tierra los árboles por compasion sobre sí las reciben, ¿porque tú, señora mia, no me recibes sobre tu regazo?

Ros. A osadas, señor, que tú te hartes y me olvides.

Lis. Aunque la agua fria mata la sed al enfermo, no por eso se quita la calentura, mas ántes se acrecienta. ¡Oh próspera fortuna, en qué summo deleite me has puesto! razon es que los trabajos se olviden donde tanta gloria se posee.

Ros. Ay gozo mio, no me lastimes.