RESPONDE Á LA CARTA DEL AUCTOR DANDO RAZONES QUE LE MOVIERON Á IMPRIMIR SU OBRA.

Aristóteles, summo filósofo, entre otras muchas sentencias y dichos admirables que escribió en su filosofía, así natural como moral, dice, que el bien humano tanto se asemeja al divino cuanto es más comunicado; y si este filósofo en todo ó lo más de su doctrina acertó, no ménos me parece en este dicho como en los demas ser digno de todo crédito; pues juzgamos ser un hombre más malo que otro en la mesma especie, en cuanto á los otros más hace participar de su malicia, y por eso dice Sant Augustin, que Arrio, hereje famoso, tantos grados se le acrecientan en el infierno de pena, cuantos por su ocasion siguieron aquella pestilencial seta, y si de lo malo esto se verifica, mucho más, á mi ver, será verdad de lo bueno, porque tiene mejor objecto esta obra que no malo la otra proporcionablemente, esto en ser bueno y lo otro en ser malo, ca en comunicar lo bueno nos asemejamos á Dios, y en difundir lo malo á Lucifer, y que sea obra de Dios comunicarse, no es menester razon donde la expiriencia está á la mano. Vemos que Dios en tres maneras se comunica á sí mesmo, la una en la creacion y conservacion de todas las criaturas, dándoles sér y despues conservallas, ca de otra manera si Dios no les sustentase el sér que les dió, segun sagrados doctores, todas se anichilarian. La segunda y más particular, en darnos su gracia, con la cual, dice Sant Pedro en su Canónica, nos hacemos particioneros de la divina y beatífica esencia. La tercera y más principal en la encarnacion; aquí se comunicó plenariamente juntando la naturaleza divina con la humana, de tal manera que del verbo divino y del ánima y humanidad resultase una tercera persona, que es el Hijo, como afirma Sant Augustin en el libro XIIJ De Trinidad, y así pudiésemos decir que Dios es hombre y el hombre es Dios, y que el hombre es amigo de Dios; y por eso dice Christo, ya no os diré siervos, sino amigos. Pues para ser verdad lo que el filósofo en su tiempo dixo, baste que nuestro Dios se habia comunicado en la primera manera; á las piedras, dándoles parte del sér que tiene sin perder él nada; á los árbores y plantas, sér y engendrar fructificando; á los brutos, sér, engendrar y sentir; al hombre todo eso y más hacerle á su semejanza en las tres potencias del ánima, la cual es una en esencia y tiene tres potencias, entendimiento, voluntad y memoria, y si éstas se distingan de alma ó no, no es éste lugar de disputarlo, basta que todos conceden haber tres potencias en el alma, en las cuales resplandece la omnipotencia, la sabiduría y bondad de Dios, nuestro señor, más que en otras creaturas. Así que, como diga Lactancio Firmiano, que cuanto más semejantes fuéremos á Dios, tanto más buenos serémos, parece manifiesto lo que el filósofo dice, que si comunicáremos algun bien nuestro, por este respecto será más heroico y divino, pues imitamos en ello á Dios. Pregunto, ¿por qué tenemos por mejores olores el algalia, almizcle, mosquete, ámbar gris, estoraque, menjoy, encienso, pomas compuestas, bálsamo; y de las hierbas los jazmines, clavellinas ó claveles, alhelíses, hierbabuena, artemisa, toronjil, acandalamo, albahacas, azucenas; y de las aguas, el agua de azahar, agua de trébol, agua de ángeles, sino porque más difunden y esparcen por el medio su apacible y suave olor? ¿Por qué dicen los filósofos ser de mejor olfato los brutos que los hombres, y de los brutos los podencos, bueytres, águilas? allende de la razon física, porque tienen las narices más cerca del cerebro, sino porque su virtud olfativa se derrama y extiende por grande espacio. A tanto que se cuenta de los bueytres, que de trescientas leguas sintieron y odoraron los cuerpos muertos que yacian en una dura y áspera batalla, y de ellos dice Plinio en el libro décimo de su Natural historia, capítulo VII, que dos ó tres dias ántes sienten dónde ha de haber matanza de hombres, y así luégo acuden para se hartar; lo mesmo dice Sant Hierónimo de las águilas; de los podencos, claro está que sacan por rastro la caza que de bien léxos huelen. Pues de las siete planetas, ¿por qué tenemos en más el sol, sino porque más comunica su luz á nosotros y á todas las otras planetas y estrellas? y despues la luna, porque más nos alumbra de noche, y de las otras cinco planetas al lucero, que es el tercero planeta Vénus. De manera que vemos en la naturaleza aquellas cosas ser más estimadas que más comunican el bien que tienen. Loamos á Themístocles y á Camilo, porque sus tierras libraron, el uno á Grecia del poderío de Xerxes, el otro á Roma de los franceses. Asimesmo la historia romana nos trae á la memoria la mucha virtud de los dos Scipiones africanos, que con gran ardid echaron por suelo aquella antigua competidora del pueblo romano, Cartago nombrada, y otros muchos varones illustres y esclarecidos en hazañas, que por el pro y bien comun hacian hechos valerosos, como son Curcio, Decio, Mucio, Marco Valerio, Eneo Pompeyo, Marco Caton, Lucio Marco, Cayo Mario, Quinto Catulo y otros muchos, como es la casa de los Fabios, Decios, Metellos, de los cuales Tito Livio y Valerio Máximo hacen mencion, y otros muchos escriptores, porque la virtud y prudencia de que naturaleza les habia dotado, la emplearon con grande animosidad y ardimiento, no mirando su bien particular por el bien de la república. Ansí que la memoria destos está perpetuada, porque bien comunicaron sus fuerzas por el favor y remedio de muchos; y si éstos fueron dignos de loar, no ménos aquéllos que con su estilo elocuente, ó con su doctrina provechosa, dejaron libros para utilidad y provecho de los venideros, como dice Salustio en el Catilinario. De manera que las obras ó hechos ó escripturas de todos éstos, en tanto son más preciadas, en cuanto en ellas se hallan exemplos notables y enseñamientos más aventajados, y aquellos que el deseo del bien comun á escribir ó obrar movió y encitó, merecen mayor gloria y fama que no los que por su pasatiempo y ambicion del propio bien suyo fueron á ello movidos. Por lo cual, con mucha razon Plinio, en el prólogo del libro primero de la Natural historia, reprende á Tito Livio, porque decia que por su pasatiempo escrebia, y pues harta gloria le habia sucedido, que dejára de escrebir si no fuera por la inquietud y desasosiego que su ánimo sintiera si de la obra cesára. Respóndele Plinio cuanto mejor fuera haber escripto por causa de augmentar más, y amplificar la gloria del nombre romano que no por sólo su descanso y gloria. De todo esto se saca una conclusion muy averiguada entre teólogos, que el bien en tanto es bien cuanto á muchos más fuere comunicado; por estos términos pone esta conclusion Sant Dionisio Ariopagita, discípulo de Sant Pablo, en el cuarto libro de los Nombres divinos. Esto he querido decir, generoso señor, no porque piense poner acuerdo de alguna doctrina en su entendimiento, en el cual tan acordadas están todas las cosas y con tan gran majestad resplandecen; pero por excusar mi atrevimiento de haber hecho imprimir esta obra, porque no quedase cosa tan señalada fuera del conocimiento de los hombres, pues ve por mi conclusion que, aunque ella en sí tan heroica y soberana parezca, no fuera bien si no fuera comunicado. Y ésta fué la principal ocasion de mi atrevimiento comunicar á los hombres un bien tan singular como éste, del cual pueden tomar dechado para tomar exemplos y considerar sentencias, y huir vicios y abrazar las virtudes; que en lo que vuestra merced me dice que ha hecho de mis libros, yo lo recibo en paciencia, considerando que dice el refran que el que pide es obligado á dar. Así que, mi señor, yo consiento que mi poco saber de todos sea juzgado, saliendo á luz las hazañas de un tan valeroso príncipe, compuestas por un tan baxo juicio como el mio, pues con esto soy seguro por su carta de ser perdonado de mi atrevimiento, y con esta merced quedo con descanso, tan de vuestra merced como siempre. En cuyo loor sin acabar acabo con estos versos en loor de su obra y persona, que es lo ménos que de sus grandezas puedo cantar. De Madrid, á siete (sic) de Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y dos años.

¶ Despierten las musas del monte Helicon,

Recuerden las hadas, recuerde Sileno,

Y todos ayuden con rostro sereno

Aquella gran furia de mi corazon;

Envíeme Febo con su dulce són,

Tal elocuencia cual dió á la Chumea,

Que todo mortal, oyéndome crea