¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA
DEL QUINTO ACTO.
Lamentacion de Eubulo por la muerte de su señor Lisandro. Aquí Eubulo hace un apóstrofe ó conversion al amor, donde declama contra el amor muy rigurosamente, diciendo dél todos los daños y estragos y malos recabdos que causa entre los hombres.
EUBULO.
¡Oh señor mio Lisandro! ¡oh mi buen señor! ¿qué desastre que es éste que nos ha venido, con tu muerte tan arrebatada y tan sin pensar, á todos tus criados, á todos los que en tí nuestras esperanzas habiamos puesto, á todos los que mantenias y hacias mercedes? ¿Qué mala ventura es ésta que en un momento nos ha corrido? ¿Qué nueva tan dolorosa y llena de llantos será ésta que éntre por las puertas de tu triste madre y de tus parientes, que te tenian por cabeza de todo el linaje? ¡Oh mi señor y mi bien todo! que en tí tenía yo padre y madre, en tí esperaba reposo y descanso para mi vejez, sin tí estoy solo, sin tí quedo huérfano, sin tí viviré todos los dias de mi vida tristes y amargos. Ay, ay, desdichado, ni sé si llore la pérdida que me vino con tu tan apresurada muerte, ó tu desastrado fin y mal acabamiento. ¡Oh mal logrado mancebo! que áun no habias cumplido veinte y cuatro años, ni sabías qué cosa era mundo, ni bien gustado de sus placeres, áun no se te entendian sus engaños, y quiso Dios llevarte ántes de tiempo y sin poder confesar tus pecados; ni tuviste lugar de hacer testamento, ni ordenar tu ánima, ni pagar las deudas que debias, ni los dineros que sacaste á cambio para tus gastos tan supérfluos y demasiados. ¡Oh, mi señor, mi señor! que ya mis ojos se cansan de llorarte, y no mi corazon de lamentar y plañir tu tan lastimosa y angustiada muerte, tu llaga tan dolorosa. Veo tu cuerpo delicadísimo atravesado con una mortal saeta, tus entrañas rasgadas, tu pecho abierto y todos tus tiernos miembros bañados en sangre. Véote muerto á manos de tus enemigos, y en su misma casa, donde sin ninguna mancilla, sin haber alguna lástima de tu fresca juventud y florida edad, en la cual los tormentos más se sienten, cruelmente y sin piedad te mataron, y no como quiera, sino con unas enerboladas frechas, y no bastó con una, mas cinco te tiraron para que mayor fuese tu dolor. Ay, ay, que más lloro el peligro en que tu alma va, por haberte tomado la muerte tan arrebatadamente en ese paso, que no el triste y doloroso acabamiento de tu cuerpo. ¡Oh compañeros mios! ¡oh criados del mal logrado mi amo! ¡oh señores y parientes de Lisandro! ¡oh tú, madre desdichada, á cuya noticia áun su muerte no ha llegado! venid y ayudaréisme á llorar el remate y postrimería de aquel que era consuelo y esperanza de todos vosotros. ¡Oh mi señor y mi bien! ¿eres tú aquel que yo llevé recien nacido á la ama, que te criase? ¿eres tú al que volví niño destetado á casa de tu padre? ¿eres tú el que empuse en buenas doctrinas y crianza, que parecias un ángel cuando chico? ¿eres tú el que enseñé á los doce años á correr caballos y otros muchos exercicios, así de letras como de armas? ¿eres tú el que hasta los veinte y un años fué muy dado á la virtud, amigo de religion, enemigo del vicio, amador del culto divino? ¡Ay, ay! que nuestros pecados quisieron que te juntases con caballeros viciosos y distraidos y te acompañases con ellos, y de esta manera se te pegasen sus malas y perversas costumbres; y luégo que perdiste el temor de Dios venístete á meter en el falso Cupido, el cual, como traidor, cruel y sin ley, te dió el pago que suele dar á sus muy leales servidores. ¡Oh amor, amor! á tí me vuelvo y de tí me quiero quexar, pues tanto mal has causado, quién tuviese lengua para decir los males que haces y los malos recabdos que por tí se cometen. Aunque toda la elocuencia de los pasados me fuese dada, no bastaria para explicar la menor parte de los estragos y ruidos y revueltas y muertes que urdes en las casas, en las repúblicas, en las provincias y en el reino; bien te apellidó el poeta: ¡oh malvado amor! ¿qué no fuerzas hacer á los mortales? y con razon, porque no hay maldad, no hay traicion, no hay bellaquería que no haga y piense el que está envuelto contigo. Engaña los amigos, mata los parientes, degüella los padres, desmiembra los hijos, escala las ventanas, saltea los monasterios, infama las honradas, deshonra las castas, menosprecia las cosas divinas, gasta la hacienda, roba, derreñega, perjúrase, trasnocha, vela, trabaja, piensa, llora, sospira, ni come ni duerme, pierde el alma y el cuerpo. ¿Qué no haces, amor? tú estragas la hermosura, tú destruyes las fuerzas, tú abates debaxo de tu bandera los altos deseos, tú consumes el patrimonio, tú huellas la honra y la fama, tú acortas la vida y acarreas muerte, tú has metido en el infierno las más ánimas que allá están, tú derruecas las casas, tú hundes las ciudades, tú ensucias los templos, tú revuelves los reinos. ¡Oh maldito y perverso amor, que con todas las virtudes batallas y traes contínua guerra, todas las excluyes y de ninguna quieres compañía! No guardas la justicia, ántes á tuerto ó á derecho, con razon ó sin razon, pones en ejecucion tus deseos robando la ajena mujer, no muestras severidad á sus tiempos, porque amor y majestad no caben en un subjecto, ni se sientan en una mesma silla, no miras la igualdad en lo que haces, ni tienes verdad en lo que dices, ni obediencia á los mayores. No usas de liberalidad con los que es razon, careces de benignidad, desabrido para con todos y encogido para hacer bien, desacatas la religion, no tienes piedad con los que la has de tener, ni humanidad con los menores y pobres, ni misericordia de los afligidos, porque todo te ocupas en tu ídolo, ni reverencia á los perlados, ni concordia ni amistad con los amigos y parientes. Destemplas y desconciertas la órden de prudencia, no hay en tí providencia, ni miramiento ni aviso ni consejo, todo tu saber, toda tu viveza, toda tu sagacidad y cautela, todas tus mañas aplicas á ese tu tan desabrido dulzor, ni disminuyes la fortaleza, pierdes la confianza y seguridad, no te aprovechas de la magnanimidad y magnificencia en su oficio, eres enemigo de constancia y firmeza, fáltate poder para el bien. Huye de tí la templanza con sus compañeras, modestia, vergüenza, abstinencia, moderacion, honestidad, regla, sobriedad, castidad y continencia. No hay en tí fe perfecta ni esperanza ni caridad, ni amor de Dios ni temor de él, ni entendimiento ni sciencia ni sabiduría. Con todos los vicios te conciertas, y con ellos tienes paz y tregua, y con todos ellos te avienes y tratas como vecinos tuyos; tú eres amigo de soberbia, de vanagloria, de ensalzamiento, de arrogancia, de ambicion, de porfía, de menosprecio, de rebeldía, de presuncion, de desobediencia, de irreverencia; tú te enciendes de ira, de ódio, de discordia, de riña, de injuria, de rancor, de impaciencia, de pertinacia, de desvergüenza, de malicia, de maldad, de furor, de enojo; tú estás lleno de envidia, de detraccion y maldicion, de murmuracion, de aborrecimiento y enemistad. Contigo se acompaña la pereza, y sus hijas pusilanimidad, tibieza, descuido, torpeza, negligencia, imprudencia, desproveimiento; tu hermana es la gula y la embriaguez y la destemplanza y la glotonía y la golosina; tú eres la mesma luxuria, el mesmo fornicio, el mesmo adulterio, la mesma lascivia y suciedad, el mesmo incesto y ayuntamiento ilícito, y el mesmo pecado contra natura, pues eres la mesma causa de estos torpes y bestiales accesos. ¡Oh cosario amor! que tú perviertes toda la religion cristiana; tú fuiste causa que David matase al inocente Urias, tú heciste idolatrar á Salomon, tú quitaste las fuerzas á Sanson, tú abrasaste la antigua Troya, tú metiste guerra entre los lacedemonios y mesenios por las vírgines que se robaron, tú entregaste nuestra España en poder de los moros, porque el rey don Rodrigo tuvo acceso con Caba, hija del Conde don Julian, por tí Clitemnestra mató á su marido Agamenon, y Egica, rey de España, á su capitan Favilla, tudense, por gozar de su mujer, por tí los mantuanos degollaron á Rodrigo Gonzaga, porque fué tomado en adulterio. Por otro tanto Ippomenes echó á su hija Limone, que fuese comida de un hambriento caballo, por tí Fabia, mujer de Fabio Fabricio, mató á su marido, por tener mejor lugar de executar su apetito y gozar de los ilícitos abrazos de aquel mancebo Petronio, por tí mataron al hermoso Faon y á Cornelio Gallo y Quinto Erecio, caballeros romanos; por tí Moluro fué muerto de Hietto, greciano, porque lo tomó con su mujer, y Alcibíades, atheniense, de Lisandro; por tí murió Spensippo, filósofo, y Tigillino, adelantado, y Rodoaldo, rey de los longobardos, y el papa Juan duodécimo; por tu causa, infiel amor, los maridos matan á sus mujeres, Chilperico, hijo de Clotario, mató á su mujer Glosinda, hija de Athanagildo, rey de los godos, y Mitridates á la suya, llamada Laodices, y á su madre, hermana y hermanos y hijos, por se casar con Hipsicratea; por tu respecto, falso amor, las mujeres matan á sus maridos, Loadice mató á su marido Antiocho Dios, así llamado, rey de Siria, porque tenía por amiga á Berenice, hija de Ptolomeo, y al adúltero Gandulfo su mujer lo hizo matar, Clitemnestra y Fabia á los suyos; tú eres causa que las madres maten á tus mesmos hijos, Medea despedazó á su hermano y degolló á sus hijos, y Progne á los suyos, y Catilina mató á su mesmo hijo por casarse con Orestilla; tú haces corromper las vírgines, Ajaz, hijo de Oileo, contaminó á la profetisa Casandra, hija de Priamo; Appio Claudio á una doncella vírgen, Dionisio, el más mancebo, á las vírgines Locrenses, y Domiciano, emperador, á la hija de su hermano, que vírgen estaba. ¡Oh diabólico vicio! ¡oh intolerable pecado! ¡oh tirano amor! que á tí digo, á más te extiendes, y á más se ensancha tu poder, fasta ensuciar con tu raviosa luxuria parientes con parientas, cuñados con cuñadas, primos con primas, tios con sobrinas, antenados con madrastras, hermanos con hermanas, hijos con madres, padres con hijas; Amnon, hijo de David, tuvo acceso con su propia hermana Thamar, y Cleopatra con su hermano, con el cual despues se casó, y Macarso, hijo de Eolo, con su hermana Canace, y Myrra, hija de Cinare, rey de los Ciprios, con su padre, y Menefon con su madre, y Tereo, rey de Tracia, forzó á Filomela, hija de Pandion, rey de los Atenienses y hermana de su mujer; Biblis torpemente amó á su hermano Canno fasta ajuntarse con él, y Themison tuvo que hacer con su hermana, y Cidon con la suya, y Thistes con Europa, mujer de su hermano, y Publio Clodio con sus hermanas, y Antiocho Sother, rey de Siria, con su madrastra Stratonice, y Marco Antonio, emperador, tuvo conversacion con Faustina, su hermana, y Antonio Caracalla, emperador, con Julia, su madrastra, y Tholomeo Evergetes amó á su hermana Berenice, con la cual se casó, y Theodorico, rey de Francia, con su sobrina, despues de haber muerto al hermano, Júpiter, rey de Creta, se echó con sus dos hermanas Céres y Juno, y Calígula contaminó tres hermanas suyas; lo mismo hizo Commodo, emperador, con sus hermanas, el cual nació en el mesmo dia que Calígula, Phénix, hijo de Amintor, tuvo parte con la combleza de su padre, y Ruben con Bala, manceba de su padre, y Ausílena con su tio; Ptolomeo Filadelfo con Arsinoe, su hermana, y Heródes Antipas con la mujer de su hermano Filippo, Hipermestra con su hermano, Hemon tomó por mujer á Rhodope, su hija; Leucon mató á Orilechon, rey del Ponto, su hermano, por dormir con su mujer, y Valeria Tusculana se acostó por engaños con su padre Valerio, y Papirio, por nombre Romano, hijo de Papirio Volucro, empreñó á su hermana Canusia, y Gedica, mujer de Pomminio Laurentino, amó tanto á su antenado Communio, fasta que se vió con él, del cual menospreciada, de coraje se ahorcó; lo mesmo hizo Fedra, tenida en poco de su antenado Hipólito, al cual de corazon amaba. Sysimbritas, sátrapa de los Persas, dos hijos tuvo de su madre, Claudio César otros dos de Agripina, hija de Germánico, su hermano y su madrastra; Cambíses, rey de los Persas, desfloró á una de sus hermanas, y ésta muerta, estupró otra menor, con la cual se casó y al cabo mató. Filipo, hermano de D. Alonso décimo, rey de España, siendo abad y arzobispo de Sevilla, no mirando en el estado que estaba, por fuerza tuvo que entender con la mujer de su hermano, hija del rey de Dacia; Nicteo, rey de Etiopia, con su mesma hija Nictimene comunicó su ilícito amor. Destas torpísimas abominaciones eres tú causa, amor, y de otras muchas peores que me callo por no ensuciar mi lengua, fasta los pueblos de Sodoma y Gomorra extiendes tu reino. No cuento las tacañerías y nefandas maldades y abominables vicios que por tí cometió el bellaco Neron y el torpe Sardanapalo, y Sotades, poeta, y Tigillino y Eliogábalo y Demetrio Poliorcetes, hijo de Antígono, y Quinto Flaminio, consular, y Hipparco, hijo de Pisistrato, y Papirio y Filipo Macedo y Hostio, príncipe, y Tamira y Semíramis, reina de los Asirios. ¡Oh desenfrenado amor! si los pecados bestiales que tú haces me fuese lícito contar, ántes me falleceria tiempo para decir que materia que dijese. Callo lo que hizo Pigmalion con una imágen muy hermosa, y aquel mancebo ateniense con la estatua de Fortuna, y el otro mochacho con la figura de Praxitelis. No diré lo de Cratis, pastor, con la cabra, á quien el celoso cabron, durmiendo, con los cuernos mató. Dexo pasar lo que Publio Estello hacia con la yegua, y Aristo Efeseo con una asna. No hablaré los amores de Pasifae con el toro, ni otros mil cuentos de exemplos, por no ofender las limpias orejas. ¡Oh maestro de todos los males! ¡oh asolador y pervertidor de la naturaleza! ¡oh estrago de las ánimas! ¡oh destruidor del bien y hacedor del mal! ¿Quién hace todo esto sino tú? ¿quién es causa de tan terribles hechos sino tú? ¿quién puso osadía á éstos á que tan malditos yerros y tan perversos desatinos acometiesen, sino tú? ¿Quién les da fuerzas y ánimo, y pone corazon á que se atrevan á tantas muertes y á tantos peligros, sino tú? Tú les das favor y ayuda, tú los incitas y mueves y despiertas, tú, despues, cuasi burlándote de ellos porque te creyeron, les das el castigo que merecen los tales locos y ciegos, que te siguen y adoran. No hay filósofo, no hay poeta, no hay orador, no hay sancto, no hay sabio que de tí no escriba mil vituperios, no piensa que ha hecho algo el que no da su puntada en labrar los males que causas; los libros están llenos de avisos y consejos que huyamos de tí como de cosa ponzoñosa. El sabio Salomon unas veces te llama pestilencia, otras veces red y lazo en que se prenden los ánimos libres, otras veces dice que trastornas el seso y juicio y discrecion del hombre, y que por tí muchas ánimas preciosas se perdieron. Sanct Jerónimo te nombra olvido de la razon y feo vicio y cercano á locura, así te bautiza Aristóteles, Séneca y Plutarco. Petrarca te define por contrarios, que eres un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte. Séneca, trágico, dice que eres una blanda pestilencia, una grande fuerza de la voluntad, un sotil calor del ánimo. Valerio Máximo dice que tú á muchos forzaste á padecer y hacer cosas ilícitas y torpes, y que esta dulzura, comun á todos los otros brutos animales, es la raíz y principio de todos los males, el mesmo dice. Esta luxuria es la que echó á perder á Anníbal, capitan valeroso, y á él y á toda su hueste y exército entregó en poder de los romanos, y Xerxes perdió su imperio por enviciarse en este deleite; pues ¿qué cosa haber puede más empecible y dañosa que este vicio, con el cual se huellan y pisan las virtudes, y las victorias se pierden, y la gloria se convierte en infamia, y las fuerzas del ánimo y del cuerpo se conquistan? El divino Platon dice que, como los peces con el cebo, así los hombres con el amor se toman. Tulio dice que empide el consejo, y es enemigo de razon, y ciega los ojos del entendimiento, y trae el cuerpo á vejez. El mesmo dice, aquellos acusamos y juzgamos ser dignos, que todos aborrezcan los que dados á los halagos y deleites de la triste vida, no miran ni proveen que dolores y tormentos por ello recibirán. Ovidio dice que estás lleno de solicitud y congoja. Terencio dice que en el amor reinan estos vicios, injurias, sospechas, enemistades, treguas, paz, guerras, que es cosa que en sí no tiene órden ni consejo. Diógenes Cínico lo llamó negocio de los ocios, porque esta pasion principalmente ocupa á los dados á ocio y holgura, que miéntras se desocupan de virtuosos exercicios vienen á caer en la cosa más trabajosa del mundo. Caton, el más viejo, decia que el ánimo enamorado vive en ajeno cuerpo. Sant Agustin dice lo mesmo, que el alma más está donde ama que donde da vida. Pues ¿cuál es ya el loco y atreguado que viendo los males que hace el amor, no huya dél y lo aborrezca como auctor y causa de todos los malos recabdos que en la vida se hacen? Si afea el cuerpo, si disminuye la hacienda, si abrevia la vida, si destroza la honra y destruye la fama, si infierna el alma, si destierra las virtudes y coge los vicios, si desbarata y desconcierta las familias y repúblicas, si quiebra las amistades, si derrueca las ciudades, si revuelve los reinos, si causa tantas muertes, tantos estupros, tantos adulterios, tantos incestos, tantos sacrilegios, tantas bestiales luxurias y tan abominables pecados, ¿por qué no nos apartaremos del amor? ¿por qué no lo echamos de nosotros? ¿por que todos nos abrazamos con él? ¿por qué no lo despedimos de nuestros corazones, pues tantos sabios lo vituperan, diciendo mil leyes de él, manifestando sus malos afectos y dañosas obras, y tantos exemplos de desastres que han venido á los que el amor siguieron, á ello nos mueven, y agora lo vemos en lo que pararon estos sabrosos y desdichados amores? Murió Lisandro, generoso caballero, dispuesto, mancebo, rico y valeroso. Murió Roselia, gentil dama, mujer moza, de casta, y sublimada en próspero y alto estado; murió su doncella, muy querida y encubridora de su yerro; murió Oligides, escudero privado del malogrado mi amo, el cual, como más culpante por haber dado entrada á su perdicion cayó de las almenas y se despeñó y se hizo menuzos; murió la maldita y falsa alcahueta Celestina, miembro de Satanas; murió su sobrina Drionea, mujer enamorada y buena discípula que habia sacado la vieja para que sucediese en su lugar en todas sus alcahueterías y hechicerías. Sacarán mañana á justiciar á Brumandilon, taimado rufian y gran fanfarron, y á Siro, mozo de espuelas, y los ahorcarán por ladrones y homicidas. Todo esto causas, amor, cuyo ancho poder, porque á mí no me sojuzgue, determino irme á servir á Dios á un yermo, donde esté apartado de tu furia y de los placeres y halagos y deleites de la vida, para conseguir la suma bienaventuranza, ad quam Deus optimus maximus nos vebat.
¶ Aquí se acaba la tregicomedia de Li-
sandro y Roselia, llamada Elicia, y por
otro nombre quarta obra y tercera
Celestina, nuevamente impresa.
Acabóse á veinte dias del mes
de Deciembre. Año del nas-
cimiento de nuestro Sal-
vador Jesuchristo de
mil y quinientos y
quarenta y dos
años.
✠
CARTA DE UN AMIGO DEL AUTOR, EN QUE LE PIDE PERDON PORQUE HIZO IMPRIMIR LA OBRA SIN SU LICENCIA.
Aquel soberano rey Salomon, guiado por el saber y cordura de que sobre todos los nacidos le quiso Dios extremar, entre muchos saludables consejos que para nuestra salud escribe, y entre las maravillosas doctrinas que para reparo de la mundana vida nos enseña, y entre las monstruosidades y milagros que más su entendimiento agotaban, solas tres cosas él halló que hartura no reciben, y la última que nunca dice bástame. Y sin dubda, aunque comparar las pequeñitas arenas de mi pobre juicio al inestimable saber de aquel valeroso rey, soberbia parezca, y temeridad grande querer añadir lo que él tan cumplido escribió, no pienso ser esta extrañeza de que Salomon se espanta ménos de mirar en el hombre, á quien Dios, sobre todas las cosas sensibles, príncipe quiso hacer. Cuyos ojos así como nunca se cansan de ver, ni los otros sentidos de sentir, así la voluntad no se harta jamas de desear, por cuya razon pienso no seré tenido por de poco juicio, ni me será reputado á atrevimiento el dón que á vuestra merced quiero suplicar me conceda; pues mi deseosa voluntad con otra cosa no piensa hartar su hambre ni contentar su apetito, si no fuere con las sobras que del alto entendimiento suyo á los que poco sabemos se nos pueden comunicar. No fué pequeña merced para mí la que recebí de su liberalidad con inviarme aquella obra que se llama Elicia y cuarta parte de Celestina, que su sotil juicio compuso, porque por ella veo ser verdadera la estimacion que de su entendimiento siempre tuve, pareciéndome que pues que en una materia tan fuera de su experiencia tanto se aventajó sobre todos los que han escripto, no es ménos de que en las cosas de peso todos se queden muy atras de su saber. Gran consuelo recibí leyéndola, y gran edificacion para el ánima notando la manera de su proceder, y con cuánto ingenio y sotil elocuencia pinta las cosas que más á pecar nos atraen, y los engaños de las vanas gentes, y las adulaciones de los servidores, y la hipocresía de los esforzados. De suerte que, como en espejo claro, podamos ver por esta pequeña muestra que de su juicio nos quiso dar, de qué peligros apartemos nuestros sentidos, y á quien fiemos las personas más, y con quién comuniquemos nuestros secretos, y en qué distribuyamos las haciendas. Pero como mi voluntad sea de la condicion del fuego, que nunca dice bástame, no me contento con la merced recebida, sin pedir otra mayor, la cual será tan provechosa á todos los hombres cuanto señalada para mí. Esto es pedirle perdon del atrevimiento tan osado que tuve en hacer imprimir sin su licencia esta obra, pareciéndome que con su gravedad no podria acabar que con su licencia se hiciera, y tambien que, emprimiéndola, todos quedarian muy aprovechados, y yo glorioso con haber alcanzado que esta merced, por mi atrevida diligencia, á todos se les comunicase. Y para esto le suplico mire ser dicho de la Summa Verdad, que ninguno encienda la candela y la ponga debaxo del celemin, pero sobre el candelero para que todos vean la luz. Así que, mi señor, pues ve la ceguedad que todos tenemos viviendo en la escuridad del mundo, y revueltos en sus lazos y arterías, yo le suplico no tenga por mal que vuestra merced encendió la candela componiendo esta obra, que yo la ponga en el candelero, imprimiéndola, para que á todos aprovechen los consejos y avisos que en ella van escriptos. Que aunque otro provecho no se sacase sino loar y conocer el poder de aquel Señor, que tan vivo y claro juicio le dió, sería harto; y en esperanza de su consentimiento, acabo besando sus generosas manos, suplicándole otra vez este dón me conceda, aunque ninguna cosa ya me puede hacer más suyo de lo que soy. De Madrid, á veinte y dos de Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y dos años.
RESPUESTA DEL AUTOR Á SU AMIGO.
Si la estrecha y antigua amistad que entre vuestra merced y mí hay desde los primeros principios de gramática, donde con gran exercicio de las artes liberales aprendidas de unos mesmos maestros y preceptores, venimos despues juntos á estudiar aquella tan alta sabiduría y tan escondida á los entendimientos humanos, cuan bien enseñada de un tan famoso varon, luz de las Españas, no terciára entre nosotros, bien creo que vuestra merced habia dado no pequeña ocasion de enemistad, pues quiso que los varios juicios de los hombres, de hoy más, discanten en mí al són de la liviandad que hace imprimir mucho á mi pesar. Nadie mirará que cuando me ocupé en esa niñería, estaba yo ocupado de una muy trabajosa terciana, la cual no me dejaba emplear en mis principales estudios; y así fué necesario tomar alguna recreacion en cosas de pasatiempo y no fatigar mi ingenio, pues mi cuerpo quedaba tan cansado de frio y calentura. Y no piense vuestra merced que me satisfará con solo el perdon que me pide y con loar tanto esos papeles, que ésa es la nobleza de los buenos, ninguna cosa á sus ojos ser mala, que en la mesma moneda quiero que me la pague. Yo leí el libro de las espantosas hazañas que el esforzado Hector hizo camino de Panonia, que vuestra merced con tan sobrada elocuencia compuso, y me hizo merced de inviar con el mesmo mensajero que recibió mis borradores, y siempre tuve creido ser imposible que el valeroso Hector tan nombrado fuera y tan temido, y tan deseada su muerte de los príncipes griegos, si no hubiera hecho aquellas heroicas hazañas ante del cerco de su ciudad. Y miéntras más lo leia, más necesidad me ponia de lo tornar á pasar; la majestad de las palabras, la grandeza de los hechos de un tan animoso varon, las sotiles imaginaciones, la artificiosa invencion, las sentidas canciones derramadas por esos cuatro libros con tan subida trova y alto estilo, me ponian admiracion, aunque, á la verdad, siempre esperaba de su más divino que humano entendimiento que saldrian obras tan primas como ésas, pues tal era la forma y el dechado donde salian las labores. Así que, por vengarme del atrevimiento que vuestra merced tuvo en sacar á luz esos borradores sin mi licencia, he entregado á Juan de Junta los libros de Hector, en lugar de inviallos á vuestra merced, para que los impriman, que bien creo que, como el sol con su luz escurece la claridad de la luna, así estas obras de vuestra merced, con su gran lumbre, escurecerán esa enojosa recua de libros de caballerías, y no lo tenga vuestra merced á mal, pues la mesma razon me guia á mí para vengarme que á él para atreverse. Vale.