Lis. ¿Burlando lo dices agora? ¿digo si la viste?

Olig. Víla.

Lis. ¿Qué te pareció?

Olig. Una estrella del cielo caida.

Lis. Poco dices.

Olig. Un retrato sacado de la hermosura de Vénus.

Lis. ¿De Vénus ó qué? y, ¿qué tienen que ver las tres diosas discordes en el debate de la manzana con la diosa Roselia? mal la miraste. Pero dime, ¿qué has negociado?

Olig. Yo vengo de allá, y estaba Roselia con su madre, y por esta causa no se ofreció lugar para en secreto manifestarle tu pasion; mas no dexé declarársela en público con palabras encubiertas, si ella me quiso entender.

Lis. Dime eso, que me es sabroso de oir.

Olig. A la fe preguntóme Eugenia con quién vivia, de aquí tomé yo ocasion y materia para decir de tí muchos loores, con achaque que tenía buen amo y que estaba á mi contento; y tanto me extendí en figurar tus perfecciones por extenso, que temo haber caido en sospecha á su madre, y que haya sentido mis pasos. Finalmente, dixe que de pocos dias acá una grave dolencia te tenía en la cama, y en esto hice del ojo á Roselia, entónces ella sonrióse; creo que me entendió, y en Dios y en mi ánima que no le pesaba cuando de tí me oia mentar, que bien atenta estuvo. Así que, señor, como el aparejo faltase y no hubiese oportunidad á lo que iba, y tambien que la madre se componia para vesitar á su hermano, despedíme, y dejo á Roselia en la ventana que sale á las huertas.