Get. ¿Y por eso me habias de hacer culpante de tu yerro? Así se urden ellas, ¿no viste el agudo, como punta de majadero? rascaba yo el caballo, y íbalo él á fregar con el mandil pisado de la mula para ensuciar lo que yo limpiaba: ¡hí de puta, si me vieras hacer cosa que no debiera, como lo parláras luégo! Pues si yo dixese la llaga que heciste al caballo alazan en el bezo con el acial cuando lo herraba, no estarias más un dia en casa. Si quieres que digan bien de tí, Siro, no digas mal de ninguno.

Sir. De poco te enojas; aparejado eres para haber ruido.

Get. Hoy, por mi vida, no se te entiende, que si una vez toma tema conmigo este atreguado, jamas se le quitará de la boca asno, puerco, bobo, masca-paja.

Sir. Calla tú, que á buen callar llaman Sancho.

Get. ¡Qué consuelo aquél! que os dé Dios salud.

Sir. Pues ¿dígote mal, que á mal decidor seas discreto oidor?

Get. ¿No sabes que sanan llagas y no malas palabras?

Sir. Oye, oye, que nuestro halcon ha visto la garza, cómo se azora y se entona; veamos qué le dice.

Get. Colorado se paró.

Sir. Es del mucho fuego que está en su corazon y resulta por la cara.