Lis. Entre muchos beneficios, Roselia, que de Dios recebidos tengo, ésta hallo por suprema bondad en ponerme en cuenta y número de tus servidores, porque ser yo tu siervo, es título para mí que más gloria en esta vida no me puede venir, y si tú, angélica imágen, por tal me aceptas, no trocaré mi gloria por toda la del mundo. No me niegues, señora, tu gracia para me salvar, pues las sombrosas encinas amparan los cansados y asoleados animales para les dar solaz.
Get. ¿No miras como se turbó delante su dama? más que necedades se deja decir.
Sir. No te maravilles que el amor le ciega, mi fe no es más en su mano, ¡cuán presto se truecan los hombres!
Lis. No seas como el laurel, de que no se coge sino la verdura de el esperanza sin fruto de galardon; que no es razon que á quien Dios de hermosura hizo cumplida, de piedad se muestre avarienta á aquel que todo se ha dedicado á tu servicio. Y, pues, con tu vista me has herido de manera que no pudiese escapar de tus manos, en ellas ofrezco mi vida, que en solo tu favor consiste.
Ros. El favor, Lisandro, que de mí habrás, si en tus torpes deseos perseveras, será el que dió la nombrada Judich al soberbio de Oloférnes, porque con el mesmo intento que muestras en tus deshonestas palabras le manifestó su ilícito amor; y de mí tomaria tal castigo si en poder me viese de tu atrevido pensamiento, cual la dueña Lucrecia forzada de Tarquino.
Lis. Ántes escogeré que dés fin á mi vida que principio á tus enojos, cuanto más, ¿qué mayor castigo ó pena quieres de mí tomar de la que me has causado? que si las entrañas interiores de Ticion el fiero buitre despedaza encarnizado en sus hígados, y de dia en dia, sin cesar, refresca la llaga del triste sin ventura, mucho más contra mí el cruel Cupido se encrudece, asestando de contino su frecha dorada en una mesma parte de mi cuerpo, el casquillo va untado de tu fresca memoria, el sonido de Roselia es la saeta que penetra y ahonda mi corazon.
Ros. ¿Tanto mal te causa mi nombre?
Lis. Tanto, señora mia, que si el elocuente Tulio, ó el facundo Platon, ó el decidor Demóstenes, con su limado y sublime estilo explicarlo quisieran, halláranse mudos y embarazados para decir mi pena como yo sé sentirla. Por tanto te suplico, pues en todo sin proporcion ni comparacion te aventajas, así en alta y serenísima sangre, como en resplandecientes virtudes, que uses de misericordia con este tu cautivo que más que á sí te ama, que no es de nobleza satisfacer con ingratitud.
Ros. Véte de ahí, loco, no muevas mi saña á más ira con tus atrevidas y torpes razones.
Lis. Perdona mi loco atrevimiento y mi atrevida osadía, que el dolor del corazon quita el concierto de la lengua. Amor es que me venció y la extraña pasion me ha hecho atrevido, no te muestres tan brava á tan manso cordero, que como vela de cera se gasta en tu servicio, y tú en pago le das sólo que muera.