Estos males con que mueres,

Desventura es la que guia

La contra de lo que quieres.

Olig. Dulcemente toca la vihuela; por Dios, llorar me hace.

Eub. Los romances y cantos de amores son para él tizones que refocilan el su fuego y enconan más la llaga.

Olig. Yo habia oido decir que las lágrimas y sospiros mucho desenconan el corazon dolorido.

Eub. En otras pasiones sí, pero no en caso de amores; pregúntalo á Petrarca en los diálogos, él te responderá lo que yo digo y Horacio tambien lo mesmo.

Lis. ¿Quién está ahí afuera?

Olig. Señor, nosotros.

Lis. Entrad acá; ¿no veis que cuanto más de tormento huyo, tanto más se me acerca la muerte en pensar la dura respuesta que hube de aquel jardin encerrado, de aquella flor de hermosura, de aquella cara de ángel y corazon de tigre? En esto veo que el vivir es ofensa de mi razon pues deseaba ser querido donde no hallo sino desden. ¿Qué haré, que ya la desesperacion y disfavor, á una, de refresco, comienzan á renovar y avivar nuevos dolores y sentimientos? ya reverdecen mis males en pasiones, como la salamandria en el fuego, me crio para fenecer, como el cisne, en canciones doloridas; ya espiró mi remedio, desahuciado soy; crecido há mi pecho fasta el tristísimo Oresmon con ronquidos mortales. Mis penas son semejantes á las de los dañados, que siempre arden y jamas se acaban de consumir; no fué tan lastimera la muerte rabiosa del esforzado Hércules como la mia, que al fin aquél con las miserables llamas de la henchizada camisa, que á las carnes se le pegaron por industria de su amiga, acabó su vida, yo ardo en el alma y vivo muriendo.