Eub. Mas, ¡oh! cosa difícil servir á locos y necios.
Olig. Calla, que la blanda respuesta quiebra la ira, y la dura la despierta.
Lis. Ha sido tan deseada tu venida, madre mia, que bien se puede decir nunca mucho costó poco: siéntese. Ya sabrás que amor, viendo embelesados mis ojos en la contemplacion de la más hermosa que todas las mujeres, y desplegadas las velas de mi deseo en pos de su fermosura, me puso en tal estrecho, que si en esta mi cuita no me ayudas, por mejor tengo la dichosa muerte, que todos los trabajos ataja, que no la desesperada vida donde las sombras de mi tristura se engrandecen y espesan. Sólo el pensamiento dó Roselia se aposenta, esclarece la triste cárcel de amor, en la cual estoy preso, lo demas todo me atormenta; tristeza, congoja, trabajo, desdicha, desamor, angustia, deseo, tormento, aficion, ánsia, pasion, cuidado, desesperanza, mal, pena, dolor, cuita, tribulacion, sospiros con lágrimas, de todos estos males con sólo el morir pienso librarme, pues mi voluntad lo quiere y mi razon lo ordena, si tú, como llave desta prision, otro remedio no aplicas ó descubres.
Cel. Señor, con pequeño trabajo no se alcanzan grandes cosas, que por eso dicen no se toman truchas á bragas enxutas, todo eso es menester que sufras por el bien que habrás tras el mal de la pena que agora padeces.
Lis. Dichoso sería yo, madre, estar debajo de la bandera de tantas pasiones, si consiguiesen la victoria que tu palabra promete.
Cel. Por poco que tú me dés, mi dicho habrá su efecto.
Lis. Si mi servicio hobiese de igualar y conformar con tan alto merecimiento que el prometimiento de tus palabras merece, hallo el mundo ser muy poco, que tan soberana merced no se compra por dinero.
Cel. Este necio piensa que me empreño yo de palabras hinchadas para parir viento. Harias mejor cerrar la boca y abrir la bolsa, que no usar de tan largo ofrecimiento, que las muchas palabras son indicios de las pocas obras.
Lis. ¿Qué dices?
Cel. ¿Qué? que mujer soy de contentar, aunque tu galardon y mi peligro no emparejen en satisfaccion de igualdad, porque la vida y persona, la cual en semejantes casos se pone en suerte de perder, es más digna y de más valor que otra cosa ninguna.