Lis. ¿Has dicho, cuerdo?

Eub. Dixe, aunque no todo lo que queria.

Lis. Pues véte de ahí, necio, que eso yo me lo sabía, y cierra esa puerta.

Eub. Malaventurado de hombre que entiende y no obra; vana es la potencia sin acto conforme á regla de razon: oh Lisandro, Lisandro, prosigue en tu locura, que tú te verás en mucho tiempo de arrepentirte, y en poco lugar de remediarte.


¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA
DEL PRIMER ACTO.

Píntase muy al natural los fieros de Brumandilon y la desordenada avaricia de los alcahuetes. Lisandro toma por tercero á Brumandilon para con Celestina en sus negocios. A lo cual se ofrece este fanfarron, vencido con los dones de Lisandro. Murmura Eubulo de la prodigalidad de su amo. Y entre él y Oligides, su compañero, pasan cosas de mucha doctrina y aviso.

BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO. — EUBULO.

Brumandilon. ¡Oh pese á tal! como á las veces de los flacos animales los más fuertes son oprimidos, que una pequeña víbora con su veneno mata un gran toro, y un suzuelo raton pone espanto á un poderoso elefante; ansí esta desventurada vejezuela con sus amenazas quiere acobardar la fuerza de mi poder, como quiera que esté por nacer á quien yo mostrar la virtud de mi ánimo en la fuerza de mis golpes. ¡Descreo de tal con la puta, que haya yo corrido la casa de ceca y meca, y los cañaverales y los olivares de Santander, y pasan ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia, y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traidos treinta años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio! pues yo juro por el dorado chapin de la Magdalena, que aunque más fieros me haga con los criados de Lisandro, de todo lo que ganáre ha de partir conmigo la mitad, que no en balde pongo mi vida á riesgo por ella, y si porfía en sus trece, no es mucho que la mate, segun soy de esta hechura. Ya se me ha escapado de buena cuando con mi pesada mano le dí tal torniscon, que los dientes le quebré en la boca bañada en sangre, y voto á la sancta letanía, que si un poco más extendiera el brazo, colmillos y muelas todo iba al suelo. Por el fuerte y galano arnes de San Miguel Ángel, si se me antoja, á papirotazos le quinte los dientes como á falsaria. Segun soy derreñegado y en mis hechos crudo, en punto estoy de tomar la mi porra y machacarle aquella cabeza y enviarla al infierno en compañía de su tia; venga despues la justicia con sus porquerones á prenderme, que no creo en quien me engendró si no granizo más cuchilladas sobre ellos, que Dios si tiene qué; voto á Dios, á todos, sin excepcion alguna, haga piezas, si me enojan, para hacer cazuela de ellos, y de sus huesos escarba-dientes; hi de puta, qué hombre yo para que rey ni Roque tenga que ver conmigo. Mas ¿qué me detengo, y no voy á arrancarle la alma de las carnes, ó que me dé parte de la ganancia? que tanto merece el que las riquezas conserva como el que las adquiere; tha, tha, tha, abríos, puertas.

Cel. Ya viene el loco de casa.