Cel. Aquí moran. Gentiles hombres, por la parte que os cabe de la señora Angelina que vengais con nosotras á jurar lo que oisteis cuando la desposamos con aquel estudiante llamado Sancias, que lo niega á pié-juntillas.
Test. Eso de muy buena voluntad, id, que luégo somos allá.
Cel. Por mi salud, hija, que te cumple éste más que otro, que yo lo he mirado con tales ojos, que será buen oficial de lenternas, y tú podrás á tu salvo hacer lo que bien te estuviere, que á los tales no ménos los ojos les engañan que la poca experiencia que tienen en estas cosillas, cuanto más que mucho hace al caso el sonsonete de, mujer casada soy, para que en más te tengan los galanes que hasta aquí te servian, que lo vedado más se desea, y más caro cuesta lo que no se halla fácilmente á cada canton, y tambien que así no te llevarán el marco.
Ang. Si eso no viera, nunca tan á pechos tomára este casamiento, cuanto más que es hijo de un mercader muy rico, y está un dia de éstos para repetir.
Cel. Dices la verdad, que ansí lo oí.
Ang. Pongámonos cabe estas verjas, que Sancias velo do está, y los testigos ya vinieron; tú responderás por mí, que yo soy muy empachada, mientra viene nuestro Procurador.
Provisor. ¿Qué quereis, mujeres?
Cel. Señor, esta doncella se casó con este estudiante y él niégalo, y por cuanto se siente muy agraviada en no casarse, pide en justicia á vuestra merced le mande casar con ella, pues darémos informacion de la verdad.
Prov. Toma procurador, que tú, mujer, no puedes procurar.
Cel. Hélo aquí, señor.