Olig. Poco há que dió las doce.
Lis. Y no sale aquella resplandeciente luna de la noche, aquella luminosa hacha para alumbrar de sus finiestras la profunda tiniebla y tenebrosa obscuridad de mi corazon preso en la carcel de su servicio. Mas ¡oh desdichado! que no son tan grandes mis servicios, que no sea mayor su merecimiento para hacerme mercedes, ni hay tan gran cosa en mi poder, que mayor á tí no se deba; pero por eso, señora mia, es más tu nobleza y liberalidad para me las hacer, que no mi diligencia para las merecer y recebir, y lo que fuere falto en mis obras, la virtud tuya lo supla volviendo los ojos á mi crecido deseo, que del todo á tu servicio se ha dedicado, de suerte que no tiene cosa nueva que te ofrecer, que si más hobiera más sacrificára; y de todo esto con sola tu vista me doy por pagado, que así mis ojos se contentarán y mi corazon quedará satisfecho. ¡Ah señora! ¿óysme? Cata, que si la esperanza de verte me faltase, tampoco la vida se podria sostener; ¿no me respondes, ó déxasme por atreguado como pieza de axedrez?
Olig. Asotra puerta, al diablo le responderá, está la otra durmiendo á su placer y oirálo. En buena fe, señor, mejor sería irnos á dormir que no guardalle su torre.
Lis. Esperemos hasta las dos, y si no sale, vámonos, que aquella burladora de Celestina me ha engañado. Desviaos, no esteis conmigo, no os sienta si saliere, y así se torne.
Get. Po, po, y como hiedes, Siro.
Sir. Pardios, para te decir la verdad, que pensé que alguno te engarrafaba cuando te heciste á mí y me empuxaste, y con este miedo caguéme.
Get. Yo te doy mi fe que no me quedó gota de sangre en el cuerpo cuando me enovillé y me apreté contigo, que no sé cómo me volví los ojos despavoridamente y representóseme por hombre aquella piedra frontera.
Eub. Señor, las dos da, vamos que ya no saldrá.
Lis. Ay, ay de mí, que, como mi ánima, fasta aquí puesta en temor y suspensa en esperanza, atentamente esperaba el buen ó mal suceso, así agora que no tiene en qué estribar, queda atónita, sin sentido y pasmada.
Olig. Supla tu cordura lo que falta de razon, para no dar lugar á tu pasion.