Lis. Ni Job con paciencia, ni con fortaleza Posidonio, su dolor disfrazaron, cuanto más yo, flaco hombre de cordura, me podré ensayar para no sentir lo que me sobra de razon para quexarme.

Eub. Señor, pues no puedes lo que quieres, quieras lo que puedes, esto es, que des obra á que Cupido no aviente con sus alas más desórden en tu voluntad, la cual si virtud y sabiduría no la enfrena, ella por sí desbocada y sin freno es.

Lis. Fácilmente todos, cuando sanos, damos buenos consejos á los enfermos, si tú adolecieses de mi mal, otra cosa dirias y sentirias.

Olig. Señor, tarde es, vámonos á dormir que ya no saldrá.

Lis. No lo haré fasta ir á hablar á la vieja.

Olig. Pues tira por esta acera, aquí vive.

Lis. Llama.

Olig. Tha, tha, tha, ¿quien está acá? Celestina, Celestina, asotra puerta, que aquésta no se abre. La fuerza del primer sueño vence su sentido que no nos oya.

Lis. Golpea con esta piedra.

Olig. Trap, trap.