Loz. Si estuve, mas dixéronme que me llamaba monseñor vuestro.

Senes. ¿No vistes que contrahicieron allí á munchos? y ninguna cosa fué tan placentera como vos á la gelosía, reputando al otro de potroso, que si lo hiciera otrie quizá no mirára ansí por vuestra honra como yo, por eso le suplico me perdone, y sírvase destas mangas de velludo que mi padre me mandó de cena.

Loz. Yo os perdono, porque sé que no sois malicioso, vení mañana á mi casa, que ha de venir á comer comigo una persona que os placerá.

Otro paje. So caballo ligero de vuestra merced.

Loz. Ay, cara de putilla sevillana; me encomiendo que voy de priesa.

Hija. ¿Tiro la cuerda? esperá, que ni hay cuerda ni cordel.

Loz. Pues vení abaxo.

Hij. Ya va mi señora madre.

Granadina. Vos seais la bien venida.

Loz. Y vos la bien hallada, aunque vengo enojada con vos.