Loz. ¿Salistes, chinchirinbache? ¿cómo fué la cosa? no me quereis vos á mí creer, siempre lo tuvo el malogrado ramazote de vuestro agüelo, caminá, mudaos, que yo verné luégo.

Ramp. Venid á casa, ¿dó quereis ir? ¿fuistes á la judería?

Loz. Sí que fuí, mas estaban en pascua los judíos, ya les dixe que mala pascua les dé Dios, y ni la mula parida, lo que parió muerto.

Trinchante. Señora Lozana, ¿qué es eso? alegre viene vuestra merced.

Loz. Señor, veislo aquí, que cada dia es menester hacer paces con tres ó con dos, que á todos quiere matar, y sábeme mal mudar mozos, que de otra manera no me curaria.

Trinch. El bellaco Diego Mazorca como sale gordo.

Loz. Señor la gavia lo hizo, eran todos amigos mios, por eso se dice el tuyo allégate á la peña, mas no te despeña; entra y mira la casa, que con este señor quiero hablar largo, y tan largo que le quiero contar lo que pasó anoche el embaxador de Francia con una dama corsaria que esta mañana, cuando se levantaba, la puso tres coronas en la mano, ella no se contentaba, y él dixo: ¿cómo, señora? ¿sírvese al Rey un mes por tres coronas, y vos no me serviréis á mí una noche? dámelas acá.

Trinch. Voto á Dios, que tuvo razon, que por mí ha pasado, que las putas no se quieren contentar con tres julios por una vez, como que no fuese plata; pues, voto á Dios que oro no lo tengo de dar sino á quien lo meresciere á ojos vistas, poné mientes que esas tales vienen á cuatro torneses ó á dos sueldos, ó diez cuatrines, ó tres maravedís. Señora, yo siento rumor en vuestra casa.

Loz. Ay amarga, ¿si vino álguien por los tejados y lo mata mi criado? sobí, señor.

Trinch. ¿Qué cosa, qué cosa? sobí, señora, que siento llamar, y no sé dónde.