Loz. En eso tiene vuestra merced razon, mas mirá que con el grande amor que os tiene, ella hace lo que hace, y no puede más, que ella me lo dixo, y si no fuese porque voy agora de priesa á buscar unos dineros prestados para comprar á mi criado una capa mediana sin ribete, yo haria estas paces.

Blas. Señora Lozana, no quiero que sean paces, porque yo determino de no vella en toda mi vida; mas por ver que dice, y en qué términos anda la cosa, os ruego que vais allá, y mireis por mi honra, como vos, señora, soleis, que yo quiero dar á vuestro criado una capa de Perpiñan que no me sirvo della, y es nueva, y á vuestra merced le enviaré una cintura napolitana.

Loz. ¿Y cuándo?

Blas. Luégo, si luégo viene vuestro criado.

Loz. Veislo, viene; caminá, alvanir de putas, que veis ahí vuestro sueño suelto, este señor os quiere honrar, id con él, y vení donde os dixe.

Blas. Señora, hacé el oficio como soleis.

Loz. Andá, perdé cuidado, que ya sé lo que vos quereis; basta, basta.

Sustituto. Señora Lozana, acá, acá; pese al turco si en toda mi vida os hube menester, agora más que nunca.

Loz. Ya sé que me quereis, yo no puedo serviros, porque pienso en mis necesidades, que no hay quien las piense por mí, que yo y mi criado no tenemos pelo de calza ni con qué defendernos del frio.

Sust. Señora Lozana, eso es poca cosa para vuestra merced, yo daré una cana de medida de estameña fina, y zapatos y chapines, y dexáme luégo la medida, que mañana, ántes que vos, señora, os levanteis, os lo llevarán, y vuestro mozo envíamelo aquí, que yo le daré la devisa de mi señora y mi vida, aunque ella no me quiere ver.