Loz. ¡Ay, ay! por el siglo de vuestro padre que no me hagais mal, que ya basta.

Pat. Mal le haga Dios á quien no os lo metiere todo, aunque sepa ahogaros, y veréis si estoy ligado, y mirá cómo desarmo.

Loz. ¿Tal frojolon tenés? esta vez no lo quisiera perder aunque supiera hallar mi anillo, que perdí agora cuando venía.

Pat. Tomá, veis aquí uno que fué de monseñor mio, que ni á mí se me olvidará, ni á vos se os irá de la memoria de hablar á esa señora, y decilde lo que sé hacer.

Loz. Por mi vida, señor, que como testigo de vista, diré el aprieto en que me ví; ¡ay, ay! y desos sois, desde aquí voy derecho á contar á su merced vuestras virtudes.

Pat. Sí, mas no está, que tomará celos su porfía.

Loz. Muncho hará á vuestro propósito, aunque estais ciego, que segun yo sé y he visto, esa señora que pensais que es á vuestra vista hermosa, no se va al lecho sin cena.

Pat. ¿Cómo? por vida de la Lozana.

Loz. Que su cara está en mudas cada noche, y las mudas tienen esto, que si se dejan una noche de poner qué no valen nada, por eso se dice que cada noche daba de cená á la cara.

Pat. ¿Y estas mudas qué son?