Loz. Señor, digo que no es muncho aunque le diese la metad de vuestro oficio de penitencería; mas ¿cómo harémos? que si vuestra merced tiene ciertos defectos que dicen, será vuestra merced perder los ducados y yo mis pasos.
Pat. ¿Cómo, señora Lozana? ¿y suelo yo pagar mal á vuestra merced? Tomá, veis ahí un par de ducados, y hacé que sea la cosa de sola signatura.
Loz. Soy contenta, mas no me entiende vuestra merced.
Pat. ¿Qué cosa?
Loz. Digo que si vuestra merced no tiene de hacer sino besar, que me bese á mí.
Pat. ¿Cómo besar? que la quiero cavalgar.
Loz. ¿Y dónde quiere ir á caballar?
Pat. Andá para puta, zagala, burlais.
Loz. No burlo, por vida de la señora honrada á quien vos quereis cavalgar y armar, y no desarmar.
Pat. ¡Oh pese á tal! ¿Y eso decís? por vida de tal que lo habeis de probar, porque tengais qué contar.