Camilo. ¿A mí, señora Lozana, qué?

Loz. Vos, señor, el que no hizo nada que se pareciese.

Cam. Porque cayó en mala tierra, que son putas insaciables. ¿No le basta á una puta una y dos, y un beso tres, y una palmadica cuatro, y un ducado cinco? ¿son piltracas?

Loz. Sí para vos, mas no para nos; ¿no sabés que uno que es bueno, para sí es bueno, más mejor es si su bondad aprovecha á munchos?

Cam. Verdad decís, señora Lozana, mas el pecado callado, medio perdonado.

Loz. Si por ahí tirais, callaré, mas siempre oí decir que las cosas de amor avivan el ingenio, y tambien quieren plática, el amor sin conversacion es bachiller sin repetidor, y voyme, que tengo que hacer.

Aur. Mirá, señora Lozana, que á vos encomiendo mis amores.

Loz. Y si no sé quién son.

Aur. Yo os lo diré si vos mandais, que cerca están, y yo léxos.

Loz. Pues dexáme agora, que voy á ver si puedo hallar quien me preste otros dos ducados para pagar mi casa.