MAMOTRETO XLVIII.

Cómo vinieron diez cortesanas á se afeitar, y lo que pasaron, y despues otras dos casadas sus amigas, camiseras.

Dorotea. Señora Lozana, más cara sois vos de haber, que la muerte cuando es deseada, mirá cuántas venimos á serviros, porque vos no os dexais ver despues que os enriquecistes, y habemos de comer y dormir todas con vos.

Loz. Sea norabuena, que cuando amanece, para todo el mundo amanece, ¿quién diria de no á tales convidadas? por mi vida, que se os parece que estais pellejadas de mano de otrie que de la Lozana, así lo quiero yo, que me conozcais, que pagais á otrie bien por mal pelar; por vida de Rampin, que no tengo de perdonar á hija de madre, sino que me quiero bien pagar. Mirá qué ceja ésta, no hay pelo con pelo, y quien gastó tal ceja como ésta, por vida del Rey, que merecia una cuchillada por la cara, porque otra vuelta mirase lo que hacia, mirá si hubiera un mes que yo estuviera en la cama, cuando en quince dias os han puesto del lodo; y vos, señora, ¿qué paño es ese que teneis? ésa agua fuerte y soliman crudo fué, y vuestra prima ¿qué es aquello que todos los cabellos se le salen? la Judía anda por aquí, no me curo, que por eso se dice á rio vuelto ganancia de pescadores; vení acá vos, ¿qué manos son ésas? entrá allá, y dáme aquel botecillo de oro, y manos eran éstas para dexar gastar, tomá y teneldo hasta mañana, y veréis qué manos sacaréis; el domingo, si estuviera aquí mi criado, enviaré á comprar ciertas cosas para vosotras, mas torná por aquí, que yo lo enviaré á comprar si me dexais dineros, que á deciros la verdad, éstos que me habeis dado bien los he ganado, y áun es poco, que cuando os afeito cada sábado me dais un julio y agora merecia dos, por haber emendado lo que las otras os gastaron.

Teresa Narbaez. Mirá bien y contá mejor, que no hay entre todas nosotras quien os haya dado ménos de dos.

Loz. Bien, mas no contais vosotras lo que yo he puesto de mi casa, á vos aceite de adormideras y ólio de almendras amargas perfectísimo, y á ella unto de culebra, y á cada una segund vi que tenía menester; por mi honra que quiero que las que yo afeito vayan por todo el mundo sin vergüenza y sean miradas; por el siglo de vuestro padre, señora Dorotea, ¿qué os parece qué cara llevan todas? y á vos cómo se os ha pasado el fuego que traiades en la cara con el ólio de calabaza que yo os puse; id en buen hora, que no quiero para con vosotras estar en un ducado, que otro dia lo ganaré que vernés mejor apercebidas.

Narbaez. ¡Oh qué cara! ¿es éste diablo? ésta y nunca más, si las jodías me pelan por medio carlin, ¿por qué ésta ha de comer de mi sudor? pues ántes de un año Teresa Narbaez quiere saber más que no ella.

Loz. ¿Quién son estas que vienen á la romanesca, que ya acá vienen?

Leonor. Abrí, puta vieja, que á saco os tenemos de dar, ¿paréceos bien que há un mes que no visitais á vuestras amigas? en puntos estamos de daros de masculillo, ¡hay qué gorda está esta putana! bien parece que come y bebe y triunfa, y tiene quien bien la cabalgue para el otro mundo.

Loz. Tomá una higa, porque no me ahojeis, ¿qué viento fué este que por acá os echó? mañana queria ir á Pozoblanco á veros.