Leon. Mirá, hermana, tenemos de ir á unas bodas de la hija de Paniagua con el Izquierdo, y no valemos nada sin tí, tú has de poner aquí toda tu ciencia, y más que no puedo comportar á mi marido los sobacos, dame cualque menjunge que le ponga, y vézanos á mí y á esta mi prima como nos rapemos los pendejos, que nuestros maridos lo quieren ansí, que no quieren que parezcamos á las romanas que jamas se los rapan, y págate á tu modo, ves aquí cinco julios, y despues te enviarémos el resto.

Loz. Las romanas tienen razon, que no hay en el mundo mujeres tan castas ni tan honestas; andá, quitá allá vuestros julios, que no quiero de vosotras nada, enviá á comprar lo que es necesario, y dexá poner á mí el trabajo.

Leon. Pues sea ansí, enviemos á vuestro mozo que lo compre.

Loz. Bien será menester otro julio, que no se lo darán ménos de seis.

Leon. Tomá, veis ahí, vaya presto.

Loz. ¿Cómo estais por allá? por acá muy ruinmente lo pasamos, por mí lo digo que no gano nada, mejor fuera que me casára.

Leon. ¡Ay, señora, no lo digais, que sois reina ansí como estais! ¿sabeis que decia mi señor padre? en requia sea su alma, que la mujer que sabía texer era esclava á su marido, y quel marido no la habia de tener sujeta sino en la cama, y con esto nos queremos ir, que es tarde, y el Señor os dé salud á vos y á Rampin, y os lo dexe ver Barrachel de campaña, Amén.

Loz. Ansí veais de lo que más quereis, que si no fuera aquella desgracia quel otro dia le vino, ya fuera él alcalde de la hermandad de Belitre, y si soy viva el año que viene, yo lo haré porqueron de Bacano, que no le falta ánimo y manera para ser eso y más; andad sanas y encomendáme toda la ralea.


MAMOTRETO XLIX.