Truj. Señora, más es ancho que luengo, yo, señora, oí decir que vuestra casa era aduana, y para despachar mi mercadancia, quiero ponella en vuestras manos para que entre esas señoras vuestras contemporáneas me hagais conocer para desempachar y hacer mis hechos, y como yo, señora, no estó bueno munchos dias há, habeis de saber que tengo lo mío tamaño, y despues que venistes se me ha alargado dos ó tres dedos.

Loz. En boca de un perro, señor; si el mal que vos teneis es natural no hay ensalme para él, mas si es accidental, ya se remediará.

Truj. Señora, querría aduanallo por no perdello, meté la mano, y veréis si hay remedio.

Loz. ¡Ay triste! ¿de verdad teneis esto malo? y cómo está valiente.

Truj. Señora, yo he oido que teneis vos muy lindo lo vuestro, y quiérolo ver por sanar.

Loz. Mis pecados me metieron aquí; señor, si con vello entendeis sanar, veislo aquí, mas á mí porque vine, y á vos por cuerdo, nos habian descobar.

Truj. Señora, no hay que escobetear, que mi huéspeda escobeteó esta mañana mi ropa, lléguese vuestra merced acá, que se vean bien, porque el mio es tuerto y se despereza.

Loz. Bien se ven si quieren.

Truj. Señora, bésense.

Loz. Basta haberse visto.