Loz. Eso viene de hacer aquella cosa en pié.
Sag. ¡Oh, pese á tal! ¿y si no puede habello el hombre de otra manera?
Loz. Dime, Sagüeso, ¿por qué no estás con un amo, que te haria bien?
Sag. ¿Qué mejor amo que tenellos á todos por señores, y á vos y á las putas por amas, que me den leche, y yo á ellas suero? yo, señora Lozana, soy gallego, y criado en Mogollon, y quiero que me sirvan á mí, y no servir á quien cuando esté enfermo me envie al hospital, que yo me sé ir sin que me envien; yo tengo en Roma sesenta canavarios por amigos, que es revolucion por dos meses.
Loz. Mira cómo se te durmió Divicia encima de la pierna.
Sag. Mira la mano dó la tiene.
Loz. Fuésele ahí, es señal que te quiere bien, tómala tú, y llévala á esotra cámara y échala sobre el lecho, que su usanza es dormir sobre el pasto; espera, te ayudaré yo, que pesa.
Sag. ¡Oh pese á mí, que no me la llevaré espetada por más pesada que sea, cuanto más que estoy tan usado, que se me antoja que no pesa nada! ¿cómo haré, señora Lozana, que me duermo todo? ¿quereis que me éntre en vuestra cámara?
Loz. Échate cabe ella, que no se espantará.
Sag. Mirá que me llameis, porque tengo de ir á nadar, que tengo apostado que paso dos veces el rio sin descansar.