Div. En Nápoles comenzaron, porque tambien me hallé allí cuando dicien que habian enfecionado los vinos y las aguas, los que las bebian luégo se aplagaban, porque habian echado la sangre de los perros y de los leprosos en las cisternas y en las cubas, y fueron tan comunes y tan invisibles, que nadie pudo pensar de donde procedian. Munchos murieron, y como allí se declaró y se pegó, la gente que despues vino de España llamábanlo mal de Nápoles, y éste fué su principio, y este año de veinte y cuatro son treinta é seis años que comenzó. Ya comienza á aplacarse con el legño de las Indias Occidentales, cuando sean sesenta años que comenzó, al hora cesará.


MAMOTRETO LV.

Cómo la Lozana vido venir un jóven desbarbado, de diez y ocho años, llamado Coridon, y le dió este consejo como supo su enfermedad.

Loz. Mi alma, ¿dó bueno? vos me pareceis un Absalon, y Dios puso en vos la hermosura del gallo, vení arriba, buey hermoso, ¿qué habeis, mi señor Coridon? decímelo, que no hay en Roma quien os remedie mejor; ¿qué me traés aquí? para comigo no era menester presente, pero porque yo os quiera más de lo que os quiero, vos, mi alma, pensais que por venirme cargado lo tengo de hacer mejor, pues no soy desas, que más haré viéndoos penado, porque sé en qué caen estas cosas, porque no solamente el amor es mal que atormenta á las criaturas racionales, mas á las bestias priva de sí mismas; sino veldo por esa gata, que há tres dias que no me dexa dormir, que ni come ni bebe, ni tiene reposo, ¿qué me hará un mochacho como vos, que os hierve la sangre, y más el amor que os tiene consumido? decíme vos á mí dónde, y cómo, y quién, y yo veré cómo os tengo de socorrer, y vos contándomelo aplacaréis y gozaréis del humo, como quien huele lo que otro guisa ó asa.

Coridon. Señora Lozana, yo me vine de mi tierra, que es Mantua, por esta causa, el primero dia de Mayo al hora cuando Jove el carro de Phetonte intorno giraba, yo venía en un caballo blanco, y vestido de seda verde, habia cogido munchas flores y rosas, y traíalas en la cabeza sin bonete como una guirnalda, que quien me veia se namoraba. Vi á una ventana de un jardin una hija de un cibdadano, ella de mí y yo della nos enamoramos, mediante Cupido, que con sus saetas nos unió haciendo de dos ánimos un solo corazon. Mi padre, sabiendo la causa de mi pena, y siendo par del padre de aquella hermosa doncella Polidora, demandóla por nuera, su parentado y el mio fueron contentos, mas la miseria vana estorbó nuestro honrado matrimonio, que un desgraciado viejo, vano de ingenio y rico de tesoro, se casó con ella descontenta, yo por no verme delante mi mal, y por excusar á ella infelice pena y tristicia, me partí por mejor, y al presente es venido aquí un espion que me dice que el viejo va en oficio de senador á otra cibdad; querria que vuestra señoría me remediase con su consejo.

Loz. Amor mio, Coridon dulce, récipe el remedio, vá, compra una veste de villana que sea blanca y unas mangas verdes, y vaiste descalzo y sucio y loqueando, que todos te llamarán loca, y di que te llaman Jaqueta, que vas por el mundo reprendiendo las cosas mal hechas, y haz á todos servicios y no tomes premio ninguno, sino pan para comer, y va muchas veces por la calle della, y coge serojas, y si su marido te mandáre algo hazlo, y viendo él que tú no tomas ni quieres salario, salvo pan, ansí te dexará en casa para fregar y cerner y xabonar, y cuando él sea partido, limpia la casa alto y baxo, y haz que seas llamada y rogada de cuantas amas terná en casa, por bien servir y á todas agradar con gentil manera, y si te vieres sola con esa tu amante Polidora, haz vista que siempre lloras, y si te demandáre por qué dile: porque jamas mi nacion fué villana, sabe que soy gentildona Breciana, y me vi que podia estar par á par con Diana, y con cualquier otra dama que en el mundo fuese estada. Ella te replicará, que tú le digas: ¿por qué vas ansí, mi cara Jaqueta? tú le dirás: cara madona, voy por el mundo reprochando las cosas mal hechas, sabed que mi padre me casó con un viejo como vuestro marido, calvo, floxo como niño, y no me dió á un jóven que me demandaba siendo doncella, el cual se fué desperado, que yo voy por el mundo á buscallo: si ella te quiere bien, luego lo verás en su hablar, y si te cuenta á tí lo mismo, dile cómo otro dia te partes á buscallo, si ella te ruega que quedes, haz que seas rogada por sus amas que su marido le dexó, y así cuando tú vieres la tuya, y siendo seguro de las otras, podrás gozar de quien tanto amas y deseas penando.

Cor. ¡Oh señora Lozana! yo os ruego que tomeis todos mis vestidos, que sean vuestros, que yo soy contento con este tan remediable consejo que me habeis dado, y suplícoos que me espereis á esta ventana, que verné por aquí y veréis á la vuestra Jaqueta cómo va loqueando á sus bodas, y reprenderé muncho más de lo que vos habeis dicho.

Loz. ¿Y á mí qué me reprenderás?

Cor. A vos no siento qué, salvo diré que vivis arte et ingenio.