Loz. ¿Y ellas llevan señal?

Beat. Señora, no; que van por Roma adobando novias y vendiendo soliman labrado y aguas para la cara.

Loz. Eso querria yo ver.

Beat. Pues id vos allí, á casa de una napolitana, mujer de Jumilla, que mora aquí arriba en Calabraga; que ella y sus hijas lo tienen por oficio, y áun creo que os dará ella recabdo, porque saben munchas casas de señores que os tomarán para guarda de casa y compañía á sus mujeres.

Loz. Eso querria yo, si me mostrase este niño la casa.

Cam. Sí hará. Vén acá, Aguilarico.

Loz. ¡Ay, señora mia! ¿Aguilarico se llama? mi pariente debe ser.

Beat. Ya podria ser; pues ahí junto mora su madre.

Loz. Beso las manos de vuestras mercedes, y si supieren algun buen partido para mí, como si fuese estar con algunas doncellas, en tal que yo lo sirva, me avisen.

Beat. Señora, sí, andad con bendicion. ¿Habeis visto? ¡qué lengua! ¡qué saber! Si á ésta le faltáran partidos decí mal de mí; más beato el que le fiára su mujer.