Mont. Agora lo verés, sacaldo de mi cofre, y séase vuestro.

Loz. Sáquelo vuestra merced, que quiero ir á llevallo á su dueño, que es un licor para la cara, que quien se lo pone no envejece jamas, y madona Clarina, la favorida, há más de cuatro meses que lo espera y agora se acabó de estilar, y se lo quiero llevar por no perder lo que me prometió por mi fatiga, que ayer me envió dos ducados para que lo acabase más presto.

Mont. Y ¿cómo, Lozana, soy yo ménos, ó puede pagallo ella mejor que yo? ¿quédaos algo en vuestra casa de este licor?

Loz. Señora, no, que no se puede hacer si las culebras que se estilan no son del mes de Mayo, y soy perdida, porque como es tan favorida, si sabe que di á otrie este licor habiendo ella hecho traer las culebras cerbunas, y gobernádolas del Mayo acá, y más el carbon que me ha enviado, y todo lo vendí cuando estuve mala, que si lo tuviera dixera que las culebras se me habian huido, y como viera el carbon me creyera.

Mont. Dexá hacer á mí, que yo sabré remediar á todo. Vén aquí, Gasparejo, va, dí á tu señor que luégo me envie diez cargas de carbon muy bueno del salvático, y mira, ve tú con el que lo truxere, y hazlo descargar á la puerta de la Lozana. Esperá, Lozana, que otra paga será ésta que no la suya, veis ahí seis ducados, y llamá dos mozos que os lleven estos cuatro barriles ó toneles á vuestra casa, éste es semulela, y éste de fideos cecilianos, y éste de alcaparras alejandrinas, y éste de almendras ambrosinas, y tomá, veis ahí dos cofines de pasas de Almuñécar que me dió el provisor de Guadix; vén aquí, Margarita, va, descuelga dos presutos y dos somados, y de la guardarropa dos quesos mallorquinos y dos parmesanos, y presto vosotras lleváselo á su casa.

Loz. Señora, ¿quién osará ir á mi casa, que luégo me matará mi criado, que le prometió ella misma una capa?

Mont. Capa no la hay en casa que se le pueda dar, mas mirá si le verná bueno este sayo, que fué del protonotario.

Loz. Señora, llévemela el mozo, porque no vaya yo cargada, no se me ensuelva el sueño en todo, que esta noche soñaba que caia en manos de ladrones.

Mont. Andá, no mireis en sueños, que cuando veníades acá os vi yo hablar con cuatro.

Loz. Buen paraíso haya quien acá os dexó, que verdad es, esclava soy á vuestra merced, porque no basta ser hermosa y linda, mas cuanto dice hermosea y adorna con su saber. Quien supiera hoy hacerme callar, y amansar mi deseo que tenía de ver qué me habia de dar madona Clarina, la favorida, por mi trabajo y fatiga, la cual vuestra merced ha satisfecho en parte, y como dicen, la buena voluntad con que vuestra merced me lo ha dado vale más que lo muncho más que ella me diera, y sobre todo sé yo que vuestra merced no me será ingrata, y bésole las manos, que es tarde: mírese vuestra merced al espejo y verá que no só pagada segun lo que merezco.