Montesina. Señora Lozana, sobí, que á vos espero, ya os pasábades, ¿no sabeis que hoy es mio? ¿dónde íbades?

Loz. Señora, luégo tornára, que iba á dar una cosa aquí á una mi amiga.

Mont. ¿Qué cosa, y á quién por mi vida, si me quereis bien?

Loz. No se puede saber, asiéntese vuestra merced más acá á la lumbre, que me da el sol en los ojos.

Mont. Por mi vida, Lozana, que no lleveis de aquí el canestico si no me lo decís.

Loz. Paso, señora, no me derrame lo que está dentro, que yo se lo diré.

Mont. Pues decímelo luégo, que estó preñada, ¿qué es esto que está aquí dentro en este botecico de cristal?

Loz. Paso, señora, que no es cosa para vuestra merced, que ya sois vos harto garrida.

Mont. Mirá, Lozana, catá que lo quebraré si no me lo decís.

Loz. Pardios, más niña es vuestra merced que su ñetecica, dexe estar lo que no es para ella.