Clar. Vaya á la horca, dámelo á mí.
Loz. No lo hagais, señora, que si vos supiésedes lo que á ella le cuesta, que dos cueros de ólio se han gastado, que ella compró, que eran de más de cien años, por hacer esto poquito.
Clar. No te curar, Lozana, que non vollo que lei sea da tanto que habia questo, que yo te daro olio de ducenti ani, que me donó á mí micer incornato mio trovato sota terra; díme, ¿ha ella casa ni viña como que ho yo?
Loz. Sea desta manera, tomad vos un poco, y dadme á mí otro poco que le lleve, porque yo no pierda lo que me ha prometido, que la pólvora no se halla ansí á quien la quiere, que se hace en el Paraíso terrenal, y me la dió un mi caro amante que yo tuve, que fué mi señor Diomédes, el segundo amor que yo tuve en este mundo, y á él se la dieron los turcos, que van y vienen casi á la contínua; y piense vuestra señoría que tal pólvora como ésa no me la quitaria yo de mí por dalla á otrie, si no tuviese gran necesidad, que no tengo pedazo de camisa ni de sábanas, y sobre toda la necesidad que tengo de un pabellon y de un torna-lecho, que si no fuese esto que ella me prometió para cuando se lo llevase, no sería yo osada á quitar de mí una pólvora tan excelente, que si los dientes están bien apretados con ella, no se caerán jamas.
Clar. Vení acá Lozana, abrí aquella caxa grande, tomá dos piezas de tela romanesca para un pabellon, va, abre aquel forcel, e tomá dos piezas de tela de Lodi para hacer sábanas, y tomá hilo malfetano para coserlo todo, va, abre el otro forcel, y toma dos piezas de cortinela para que hagais camisas, y toma otra pieza de tela romanesca para hacer camisas á vuestro nuevo marido.
Loz. Madona, mire vuestra señoría que yo de todo esto me contento; mas ¿cómo harémos, que el poltron de mi pretérito criado me descubrirá? porque ella misma le prometió unas calzas y un jubon.
Clar. Bien, va, abre aquella otra caxa y toma un par de calzas nuevas y un jubon de raso, que hallarás cuatro, toma el mejor, y llama la Esclavona, que tome un canestro y vaya con vos á llevaros estas cosas á vuestra casa, y id presto, porque aquel acemilero no os tome el ólio, que se podria hacer bálsamo, tanto es bueno, y guarda, española, que no des á nadie de esto que me has dado á mí.
Loz. Madona, no; mas haré desta manera, que juntaré el almáciga y la grana y el alumbre, y se lo daré, y diré que sea esa misma, y haré un poco de ólio de habas, y diré que se lo ponga con el colirio, que es apropiado para los ojos, y ansí no sabrá que vuestra señoría tiene lo más perfeto.
Clar. Andá, y hacé ansí por mi amor, y no de otro modo, y recomendáme á vuestro marido micer Rampin.