Loz. Señora, só española; mas todo mi bien lo he habido de un ginoves que estaba para ser mi marido, y por mi desgracia se murió; y agora vengo aquí porque tengo de haber de sus parientes gran dinero que me ha dexado para que me case.

Lav. Ánima mia. Dios os dé mejor ventura que á mí, que aunque me veis aquí, soy española.

Loz. ¿Y de dónde?

Lav. Señora, de Nájera; y soy estada dama de grandes señoras, y un traidor me sacó, que se habia de casar comigo, y burlóme.

Loz. No hay que fiar, decíme ¿cuánto há que estáis en Roma?

Lav. Cuando vino el mal de Francia, y ésta fué la causa que yo quedase burlada; y si estoy aquí lavando y fatigándome, es para me casar, que no tengo otro deseo, sino verme casada y honrada.

Loz. ¿Y los aladares de pez?

Lav. ¿Qué decis, señora?

Loz. Que gran pena teneis en maxcar.

Lav. ¡Ay señora! La humidad de esta casa me ha hecho pelar la cabeza, que tenía unos cabellos como hebras de oro, y en un solo cabello tenía añudadas sesenta navidades.