Loz. ¿Y la humidad os hace hundir tanto la boca?
Lav. Es de mio, que todo mi parentado lo tiene, que cuando comen parece que mamillan.
Loz. Mucho ganaréis á este lavar.
Lav. ¡Ay señora! que cuando pienso pagar la casa, y comer, y leña, y ceniza, y xabon, caldera, y tinas, y canastas, y agua, y cuerdas para tender, y mantener la casa de cuantas cosas son menester, ¿qué esperais? Ningun amigo que tengais os querrá bien si no le dais, cuándo la camisa, cuándo la capa, cuándo la gorra, cuándo los huevos frescos, y así de mano en mano, do pensais que hay tocinos no hay estacas, y con todo esto á mala pena quieren venir cada noche á teneros compañía, y por esto tengo dos, porque lo quel uno no puede, supla el otro.
Loz. Para tornar los gañivetes, este que se va de aquí, ¿quién es?
Lav. Italiano es, canavario ó bostiller de un señor; siempre me viene cargado.
Loz. ¿Y sábelo su señor?
Lav. No, que es casa abastada; pues estaria fresca si comprase el pan para mí, y para todos esas gallinas, y para quien me viene á lavar, que son dos mujeres, y doiles un carlino, ó un real y la despensa, que beben más que hilan, y vino, que en otra casa beberian lo que yo derramo, porque me lo traigan fresco, que en esta tierra se quiere beber como sale de la bota; veis aquí dó viene el otro mi amigo, y es español.
Loz. A él veo engañado.
Lav. ¿Qué decis?