Tia. Esperá, traeré aquel pelador ó escoriador, y veréis que no dexa bello ninguno, que las jodías lo usan muncho.

Loz. ¿Y de qué se hace este pegote ó pellejador?

Tia. ¿De qué? de trementina y de pez greca, y de calcina vírgen y cera.

Loz. Aquí do me lo posistes se me ha hinchado y es cosa sucia; mejor se hace con vidrio sotil y muy delgado, que lleva el vello y hace mejor cara, y luégo un poco de olio de pepitas de calabaza y agua de flor de habas á la veneciana, que hace una cara muy linda.

Tia. Eso quiero, que me vecéis.

Loz. Buscá una redomilla quebrada, mirá que suave que es, y es cosa limpia.

Tia. No habréis, que si os caen en el Rastro las cortesanas, todas querrán probar, y con eso que vos le sabeis dar con ligereza, ganaréis cuanto quisiéredes, Dios delante; veis aquí do viene mi marido.

Viejo. Estéis en buen hora.

Loz. Seais bien venido.

Viej. Señora, ¿qué os ha parecido de mi sobrino?