Ramp. ¿Y cómo decia?

Loz. Dixo harta de duelos con muncha mancilla; como lo sabe aquella, que no me dexará mentir.

Auctor. Y señaló á la calabaza.

Ramp. Puta vieja era ésa; á la manteca llamaba mancilla lobos.

Loz. Luenga vala, júralo mozo, y ser de Córdoba me salva; el sueño me viene, reposemos.

Ramp. Soy contento, á este lado y metamos la ilesia sobre el campanario.

Auctor. Era mediodia cuando vino la tia á despertallos, y dice: sobrino, abrí, catá el sol que entra por todo, buenos dias, ¿cómo habeis dormido?

Loz. Señora, muy bien, y vuestro sobrino como lechon de viuda, que no ha meneado pié ni pierna hasta agora, que yo ya me sería levantada sino por no despertallo; que no he hecho sino llorar pensando en mi marido, qué hace ó dó está, que no viene.

Tia. No tomeis fatiga; andad acá, que quiero que veais mi casa agora que no está aquí mi marido, veis aquí en qué paso tiempo; ¿quereis que os la quite á vos?

Loz. Señora, sí, despues yo os pelaré á vos, porque veais qué mano tengo.