Loz. ¿Qué haceis?... y cuatro, á la quinta canta el gallo, no estaré queda, no estaré queda hasta que muera; dormí que ya es de dia, y yo tambien matá aquel candil que me da en los ojos, echaos y tirá la ropa á vos.
Auctor. Allí junto moraba un herrero, el cual se levantó á media noche y no les dexaba dormir, y él se levantó á ver si era de dia, y tornándose á la cama, la despertó, y dixo ella: ¿De dó venis? que no os sentí levantar.
Ramp. Fuí allí fuera, que estos vecinos hacen de la noche dia, están las cabrillas sobre este horno, que es la punta de la media noche y no nos dexan dormir.
Loz. ¿Y en cueros salisteis? frio venis.
Ramp. Vos me escalentaréis.
Loz. Sí haré, mas no de esa manera, no más, que estoy harta y me gastaréis la cena.
Ramp. Tarde acordaste, que dentro yaz que no rabea; harta me decis que estais, y parece que comenzais agora, cansada creeria yo más presto que no harta.
Loz. Pues ¿quién se harta que no dexe un rincon para lo que viniere? por mi vida, que tan bien batís vos el hierro como aquel herrero, á tiempo y fuerte, que es acero; mi vida, ya no más, que basta hasta otria dia, que yo no puedo mantener la tela, y lo demas sería gastar lo bueno; dormí, que almozar quiero en levantándome.
Ramp. No cureis, que mi tia tiene gallina y nos dará de los huevos, y muncha manteca y la calabaza llena.
Loz. Señor, sí diré yo, como decia la buena mujer despues de bien harta.