Loz. Vamos, ¿conoces alguno?
Ramp. Mirá, es judío plático, dexá hacer á él, que él os publicará entre hombres de bien que paguen la casa y áun el comer.
Loz. Pues eso hemos menester; decíme, ¿es aquél?
Ramp. No, que él no trae señal, que es judío que tiene favor, y lleva ropas de seda vendiendo, y ese no lleva sino ropa vieja y zulfaroles.
Loz. ¿Qué plaza es ésta?
Ramp. Aquí se llama Nagona, y si venís el miércoles veréis el mercado, que quizá desde que nacistes no habés visto mejor órden en todas las cosas, y mirá que es lo que quereis, que no falta nada de cuantas cosas nacen en la tierra y en el agua, y cuantas cosas se pueden pensar que sean menester, abundantemente, como en Venecia y como en cualquier tierra de acarreto.
Loz. Pues eso quiero yo que me mostreis, en Córdoba se hace los juéves, si bien me recuerdo:
Juéves, era juéves, dia de mercado, convidó Hernando los Comendadores;
¡oh, si me muriera cuando esta endecha oí! No lo quisiera tampoco, que bueno es vivir, quien vive loa el Señor; ¿quién son aquellos que me miraron? ¡para ellos es el mundo, y lóbregos de aquellos que van á pié, que van sudando, y las mulas van á matacaballo, y sus mujeres llevan á las ancas!
Ramp. Eso de sus mujeres son cortesanas, y ellos deben de ser grandes señores, pues mirá que por eso se dice Roma, triunfo de grandes señores, paraíso de putanas, purgatorio de jóvenes, infierno de todos, fatiga de bestias, engaño de pobres, peciguería de bellacos.