Loz. ¿Qué podria valer?

Jud. Yo os diré; si fuese aquí qualque gran señor veneciano que lo tomasse, presto haríamos á despachallo; vos, ¿en qué precio lo teneis?

Loz. En veinte ducados.

Jud. No los hallaréis por él; mas yo os diré que dexeme acá hasta mañana, y verémos de serviros, que cuando halláremos quien quiera desbolsar diez, será maravilla.

Ramp. Mirá, si los hallais luégo, daldo.

Jud. Esperáme aquí; ¿traés otra cosa de joyas?

Loz. No agora.

Ramp. ¿Veis qué judío tan diligente? Veislo aquí torna.

Jud. Señora, ya se ha mirado y visto, el platero da seis solamente, y si no, veislo aquí sano y salvo, y no dará más, y áun dice que vos me habeis de pagar mi fatiga ó corretaje, y dixo que tornase luégo, si no, que no daria despues un cuatrin.

Loz. Dé siete, y págueos á vos, que yo tambien haré mi débito.