Jud. Desa manera ocho serán.
Loz. ¿A qué modo?
Jud. Siete por la piedra, y uno á mí por el corretaje; caro sería, y el primer lance no se debe perder, que cinco ducados buenos son en Roma.
Loz. ¿Cómo cinco?
Jud. Si me pagais á mí uno, no le quedan á vuestra merced sino cinco, que es el caudal de un judío.
Ramp. Vaya, déselo, que estos jodíos si se arrepienten no harémos nada. Andá Trigo, daldo y mirá si podeis sacalle más.
Jud. Eso por amor de vos lo trabajaré yo.
Ramp. Vení presto.
Loz. Mirá qué casa tiene este judío, este tabardo quiero que me cambie.
Ramp. Sí hará, veislo viene.