Auctor. Anda, puerco.
Ramp. Tanto es Pedro de Dios.
Auctor. ¿Que no te medre Dios?
Ramp. Venívos y veréis el gallo, que para otro dia lo tenemos.
Auctor. Pues sea ansí que me llameis, y yo pagaré el vino.
Ramp. Si hace saná presto; ¿no quereis vos hacer lo que hizo ella para su mal, que no cuesta sino dos ducados? que por su fatiga no queria ella nada, que todo sería un par de calzas para esta invernada; mirá, ya ha sanado en Velitre á un español de lo suyo, y al cabo de ocho dias se lo quiso hacer, y era persona que no perdiera nada, y porque andaban entónces por desposarnos á mí y á ella, porque cesase la peste, no lo hizo.
Auctor. ¡Anda, que eres bobo! que ya sé quien es y se lo hizo, y le dió un tabardo ó caparela para que se desposase; ella misma nos lo contó.
Ramp. Pues veis ahí ¿por qué lo sanó?
Auctor. Eso pudo ser por gracia de Dios.
Ramp. Señor, no, sino con su ungüento; son más de cuatro que la ruegan, y porque no sea lo de Faustina, que la tomó por muerta y la sanó, y despues no la quiso pagar y dixo que un voto que hizo la sanó; y dióle ella paga nunca más empacharse con romanescas.