Auctor. ¡Cómo! ¿y su madre la traxo á Roma?
Ramp. Señor, sí; para ganar, que era pobre. Tambien la otra vuestra muy querida dice que ella os sanará; mirá que quieren hacer berengenas en conserva, que aquí llevo clavos de gelofe, más no á mis expensas, que tambien sé yo hacer del necio, y despues todo se queda en casa. ¿Quereis venir? que todo el mal se os quitará si las veis.
Auctor. No quiero ir, que el tiempo me da pena, pero decí á la Lozana que un tiempo fué que no me hiciera ella esos arrumacos, que ya veo que os envia ella, y no quiero ir porque dicen despues que no hago sino mirar y notar lo que pasa, para escribir despues, y que saco dechados. ¿Piensan que si quisiese decir todas las cosas que he visto, que no sé mejor replicallas que vos, que há tantos años que estáis en su compañía? mas soyle yo servidor, como ella sabe, y es de mi tierra ó cerca della, y no la quiero enojar, ¿y á vos no conocí yo en tiempo de Julio segundo en plaza Nagona, cuando sirviedes al señor canónigo?
Ramp. Verdad decís, mas estuve poco.
Auctor. Eso poco allí os vi moliendo no sé qué.
Ramp. Sí, sí, verdad decís; ¡oh! buena casa y venturosa, más ganaba ella entónces allí que agora la meitad, porque pasaban ellas disimuladas, y se entraban allí, calla callando. Mal año para la de los Rios, aunque fué muy famosa. Mirá que le aconteció: no há cuatro dias vino allí una mujer Lombarda, que son bobas, y era ya de tiempo, y dixo que la remediase, que ella lo pagaria, y dixo: señora, un palafrenero que tiene mi amistad no viene á mi casa mas há de un mes, queria saber si se ha envuelto con otra. Cuando ella oyó esto me llamó y dixo: dame acá aquel espejo de alinde, y miró y respondióle: señora, aquí es menester otra cosa que palabras, si me traes las cosas que fueren menester serés servida. La Lombarda dixo: señora, ved aquí cinco julios. La Lozana dixo: pues andá vos, Rampin; yo tomé mis dineros y traigo un maravedí de plomo, y vengo y digo que no hay leña, sino carbon, y que costó más, y ella dixo que no se curaba. Yo hice buen fuego, que teniamos de asar un ansaron para cenar, que venía allí una putilla con su amigo á cená, y ansí la hizo desnudar, que era el mejor deporte del mundo, y le echó el plomo por debaxo en tierra, y ella en cueros y mirando en el plomo, le dixo que no tenía otro mal sino que estaba detenido, pero que no se podia saber si era de mujer ó de otrie, que tornase otro dia y veríalo de más espacio; dixo ella: ¿qué mandais que traiga?
Loz. Una gallina negra y un gallo que sea de un año, y siete huevos que sean todos nacidos aquel dia, y traéme una cosa suya. Dixo ella: ¿traeré una ugujeta é una escofia? y la Lozana: sí, sí, y surraba mi perrica.
Ramp. Era el mayor deporte del mundo vella como estaba hecha una estátua; y más contenta viene otro dia cargada, é traxo otros dos julios, y metió ella la clara de un huevo en un orinal, y allí le demostró cómo él estaba abrazado con otra que tenía una vestidura azul; y hecimosle matar la gallina y lingar el gallo con su estringa, y así le dimos á entender que la otra presto moriria, y que él quedaba ligado con ella, y no con la otra, y que presto vernia; y ansí se fué, y nosotros comimos una capirotada con mucho queso.
Auctor. A esa me quisiera yo hallar.
Ramp. Vení á casa, que tambien habrá para vos.