Auctor. Cuanto más si lo estáis, señora.

Loz. ¡Ay, señor! no lo digais, que soy más casta que es menester.

Auctor. Andá, señora, crecé y multiplicá, que lleveis algo del mundo.

Loz. Señor, no hallo quien diga, ¿qué tienes ahí?

Auctor. Pues, voto á mí, que no se os parece.

Loz. Mas ántes sí, que ansí goceis de vos, qué engordo sin verde.

Auctor. Cada dia sería verde si por ahí tirais; señora, suplícole me diga si es ésta su posada.

Loz. Señor, no, sino que soy venida aquí, que su nuera desta señora está de parto, y querria hacer que como eche las pares me las vendan, para poner aquí á la vellutera y dalle ha cualque cosa para ayuda á criar la criatura, y la otra tiene una niña del hospital, y darémosle á ganar de su amigo cien ducados, y por otra parte ganará más de trescientos, porque ha de decir que es de un gran señor que no desea otro sino hijos, y á esta señora le parece cosa extraña y no lo es; dígaselo vuestra merced por amor de mí, y rueguéselo, que yo voy arriba.

Auctor. Señora, en vuestra casa podeis hacer lo que mandáredes, mas á mí mal me parece, y mirá lo que haceis, que esta mujer no os engañe á vos y á vuestra nuera, porque, ni de puta buena amiga, ni de estopa buena camisa, notad la puta cómo es criada y la estopa cómo es hilada. Digo esto porque como me lo ha dicho á mí lo dirá á otrie.

Pastelera. Señor, miráme por la botica, que luégo abaxo.