Joan de Yucar, yendose a encontrar con las piraguas, fue dellas rreceuido con mucho ynpetu, y peleando gran rrato los vnos con los otros, despues de auerse echo daño de la una y de la otra parte, se arredraron los piraguas y se hizieron a lo largo y dieron la buelta, y como se uiesse libre de las piraguas el uergantin del capitan acudio luego con toda presteza a socorrer a los del vergantin que auia quedado en la costa, a quien los yndios no cesauan de ofender con sus continuas flechas y piedras, y sacandolo de aquella aflecion dieron la buelta a donde frai Vicente les estaua esperando con la carauela, echando cada dia jente a la mar, porque como las flechas con que herian a los españoles tenia muy penosa yerua, por pequeña que fuese la herida que con hella davan, hera mortal, y ansi fueron pocos los que con la uida escaparon de los heridos.

Juntaronse los uergantines con el fraile, y los de la caravela se fueron a Tierra Firme a tomar yndios y hazellos esclauos, y los uergantines con sus presas se voluieron a Puertorrico(A).

Casi en este mismo tiempo sucedio, yendo de esta isla de Puertorrico vna carauela con esclauos y algunos españoles y mugueres[412] a Santo Domingo, para de alli yrse a Piru, que yban hen ella ciertos flamencos, vno de los quales hera un Luis de Longaual, y su muger malmasela[413] Clareta, que decian ser deudos de Mingo Bal, cavallerico del emperador Don Carlos Quinto, nuestro rrey. Estos salieron enojados y agrauiados de Puertorrico porque entre el bulgo se auia dicho que no heran casados, sino amanzeuados, y tomando por muy gran injuria esta bulgar opinion, se iuan a Santo Domingo, para de alli yrse a España a quejar al Emperador; y como los españoles que en la carauela yuan saltasen en tierra en la isla llamada la Mona, para alli rrecrear sus personas y echasen todos sus esclavos en tierra para el mesmo efeto, este Luis Mingobal determino hazer vn auominable echo para en uenganza de su ynjuria, y fue que como los españoles empezasen a rrecoxerse con sus esclavos al nauio, a la segunda barcada, tomando las armas en las manos este furioso flamenco y los demas de su nacion que con el estauan, que heran bien pocos, quitaron el vatel a los marineros y comencando a herir en ellos los mataron a todos, y los demas españoles y españolas que en el nauio auia, sin dejar uiua criatura, ni negro alguno, ni perro ni gato, ni cosa uiua que los españoles alli lleuasen, y entre los demas honbres y mugueres mataron estos baruaros a vna donzella de noble linaje y muy hermosa que se iua o la llevauan a casar a Santo Domingo.

Dizese que los que en tierra estauan bian a la muger de Mingobal con vna espada en la mano dar el salto de vna parte a otra, ymitando la maluada crueldad de su marido, tras las mugeres españolas que en el nauio andauan vyendo de una parte a otra, y asi se hizieron a la bela con el nauio y con los que en el auia.

Sauido por el Presidente y Arcouispo de Santo Domingo, que hera Fuenmayor, enbio con ciertos nauios a buscar estos flamencos para castigallos, y andando en busca dellos, llegaron a la costa de los Lucayos, donde hallaron la caravela, que auia dado al traves, y en la playa muchos rrastros de sangre y cauellos de jente que parecian auer muerto alli. Presumiose que, por permision divina, dieron estos flamencos en esta costa de los Lucayos, donde con crueles muertes que los yndios les darian, pagaron su maluado echo y crueldad.

Los que en la isla de la Mona quedaron se estuuieron alli hasta que pasando otra carauela por alli los rrecogio y lleuo consigo.

NOTAS AL CAPÍTULO XXVII

(A) En carta fechada en San Juan el 13 de Julio de 1534, y dirigida al Emperador por los Oficiales reales de Puerto Rico, se dice:

«Estando para cerrar esta carta llegaron a este puerto un Vergantin e una Carabela de seis navios que fueron en la dicha armada..... avemos sabido como llegaron a la Dominica..... el capitan Joan de Ainar[414] llegó en fin de Mayo..... i dentro 9 días que llegó quemó bien 14 ó 18 pueblos..... en los quales quemó, segun dicen, 100 bohios..... destruyó las labranzas..... mató i prendió 100 i tantas ánimas..... tomó vivos 60, que en estos navios enbió. Los demas fueron muertos peleando..... hubo otros muchos heridos, i todo lo demás que en la isla quedaron se retruxieron á una sierra mui áspera donde no fue posible subirles sin que rescibiesen mucho daño los spañoles, de los quales no murieron más de 4 peleando..... quebráronles 9 piraguas grandes i 10 canoas, que tenian aparejadas..... para venir á esta isla por..... Otubre, que es el tiempo en que ellos navegan.» (Colección Muñoz, tomo LXXX.)

CAPITULO VEINTE Y OCHO