Jeronimo Ortal estaua rrancheado hobra de dos leguas de Maracapana, y aunque supo la llegada del capitan Batista a Tierra Firme y tan cerca de su alojamiento, no se aluoroto cosa ninguna, antes se comunico con el amigablemente, y lo mismo hazia el capitan Bautista, pareciendoles a entranbos que en tierra tan larga[497] y tan poblada no auia para que mouer disinciones[498], pues todos podian poseher sin dagnificarse los vnos a los otros.
Jeronimo Hortal acordo de entrarse la tierra adentro, como antes que el capitan Bautista llegase tenia determinado, y poniendolo en efecto con hasta setenta honbres, comenzo a caminar y llegar algunas poblazones cuyos moradores heran tan uien acondicionados que procurando su amistad le salian a rresceuir al camino de paz, la qual por todo estremo aborrecian asi capitanes como soldados, por tener mas cierto el prouecho de la dudosa guerra que el de la muy segura paz, y porque su pretension y aprouechamiento hera hazer esclauos; y como las gentes donde los avian de hacer salian de paz no consintia el Gouernador que a estos tales se les hiziese ningun daño, por lo qual, como otra uez e dicho, aborrecian todos la conpañia de Geronimo Ortal, y asi, despues de auer descansado ciertos dias en vna poblazon que le par tenian, persuadieron a su Gouernador, y aun casi le constriñeron a que se voluiese a su uiaje y alojamiento que en la costa de la mar tenia, dejandoles por caueza y capitan Augustin Delgado, que deuia de ser tan vuena conciencia qual ellos la deseauan para estas sus jornadas.
Constreñido el Gouernador por esta uia, se uoluio con asta ocho conpañeros a la costa.
Augustin Delgado y sus conpañeros, des que entendieron que ya estaua Jeronimo Ortal y los que con el yvan, fuera del peligro, comencaron a desmandarsse por las poblazones circunvezinas adonde hellos estauan alojados, y a tuerto y a derecho, y que estuuiesen de paz o que no, rrancheallos y rrouallos por fuerza, tanto que constriñeron a los yndios con sus tiranias a que tomasen las armas para defenderse, lo qual hizieron los naturales de un pueblo que los soldados quisieron vltimamente rrouar y saquear, los quales, esperando a los españoles con buena horden, les defendieron la entrada, mas al fin, como sus armas son tan flacas, no uastaron hazer tanta rresistencia como quisieran; contentaronse con que no les lleuaron gente ninguna, avnque les saquearon el pueblo, y con todo les hirieron algunos españoles, con lo qual y porque ya en los pueblos atras tenian hechas sus mangas y presas en cautividad con esta peruersa guerra, mas de quinientas animas, dieron la buelta a donde Jeronimo Ortal los estaua esperando junto a la mar, en su antiguo alojamiento, y rresciuiendolos alegremente no curo de preguntar la forma que auian tenido en hazer esclauos, porque le aprouechaua poco, pues no era parte para rremediallo aunque quisiera, y asi dio luego orden en como se herrasen para ante los ofiziales del Rrey, que cobrauan los quintos rreales.
En esta sazon auia mercaderes que de Santo Domingo y Puerto Rrico y las demas islas de barlovento tenian por granjeria de uenir en nauios a costa de Tierra Firme a conprar esclauos a los españoles que hen ella estauan de asiento, hurtandolos; y a la sazon que Agustin Delgado llego con esta presa a donde su Gouernador estaua, llego tanbien vn navio de una de las islas a quien vendieron todos los esclauos a trueco de mercadurias y otras cosas de España y oro, a precio cada uno de diez pesos. Heran en el vender los soldados y capitanes muy moderados; no querian estremarse en los precios, porque acudiesen los mercaderes otro dia, y porque la sangre ynocente que uendian les costaua aquellos poco trauajo, aunque arto dolor, pues sino hera supliendolo la misericordia diuina y muerte y pasion de nuestro Maestro y Rredentor Jesucristo, no podian hellos satisfazer los grandes daños y muertes y rrouos y pecados que con aquella manera de hazer esclauos cometian.
NOTAS AL CAPITULO III
(A) En carta dirigida al Procurador de Puerto Rico Asensio de Villanueva, por Alonso de Molina, fecha 17 de Febrero de 1535, se dice:
«Con estas nuevas del Perú, i de otro viaje que se nos ha levantado aca de Meta, que dicen que es allá en los confines de Pizarro, cuya enpresa toma Antonio Sedeño, i va a entrar por junto a las perlas por un rio que está abajo de la governación de Ortal, no hai persona que quiera parar en esta isla. Está la cosa tan movida, que el mas viejo e mas cojo tiene deseo de la jornada, e sino les fuesen a la mano lo dejarian todo e irian el viaje».
En otra carta, dirigida á S. M. por el factor de Puerto Rico Baltasar de Castro en 25 de Mayo de 1535, se dice:
«Esta isla cada dia se va despoblando.