[41] «Abierta la puerta, escribe, y queriendo entrar por ella, apenas cabía un hombre y había mucha oscuridad y no muy buen olor. Visto esto, trajeron candela y ansi entramos con ella en una cueva muy pequeña, tosca, sin ninguna labor, y en medio della estaba un madero nincado en la tierra, con una figura de hombre hecha en la cabeza del, mal tallada y mal formada y al pie, á la redonda del, muchas cosillas de oro y de plata ofrecidas de muchos tiempos y soterrados por aquella tierra. Vista la suciedad y burlería del ídolo, nos salimos afuera á preguntar que porque hacían caso de una cosa tan sucia y torpe como allí estaba? Los cuales muy espantados de nuestra osadía volvían por la honra de su Dios, y decían que aquel era Pachacámac, el cual los sanaba de sus enfermedades.»
Sobre Pachacámac, véase Brasseur de Bourbourg, Le Livre Sacré, pág. 224.
[42] Para Girard de Rialle, Pachacámac no fué ni un dios ni un héroe solar, aunque más tarde los Incas le presentaran, como á Con y á Manco Ceápac, como hijo del sol. No era dios del agua, visto su antagonismo con Con (Mythologie Comparée, Cap. XVI, págs. 263 y 264).
Daniel Brinton piensa con Müller y Picard que Pachacámac es el dios del fuego, pues que el fuego es impalpable y sútil, y reanima y vivifica. El fuego contiene, para los pueblos en los cuales la ciencia de la física es poco avanzada, los gérmenes de toda cosa, y constituye el elemento procreador y vital por excelencia (Myths of the New World, págs. 210, 263 y 335—Filadelfia, 1896).
[43] Sobre este interesantísimo mito, véase Brasseur de Bourbourg, Le Livre Sacré, pág. 238.
[44] Keane, Man Past and Present, págs. 424 y 425 (1899), entre otras cosas muy interesantes, dice de Huiracocha: «... El gran templo y los edificios que lo rodean inconclusos, como quedaron, se remontan á la época preincásica y fueron dedicados á Viracocha, dios tutelar de los Aymará; más la edificación fué suspendida por los Incas, para quienes Tiahuanaco, asiento de este culto, era un rival de Pacaritambo, cerca del Cuzco, centro del culto solar de los Quichuas. Después que se realizara la conquista del país de los Aymará, la anterior enemiga entre estos dos centros de cultura desapareció; las desconfianzas internacionales, que procedían más bien de causas políticas que de religión, dejaron de existir, y el mismo Viracocha ingresó al panteón de los Quichuas ...»
La etimología del dios, de «gordura del mar», fué rechazada por Garcilaso (Lib. V. cap. XXI). Cieza dice que significa «espuma del mar», lo que es seguido por Rialle (pág. 256), teniendo Cocha á la vez la significación de «mar» y de «lago». Lafone Quevedo (Ojos de Imaymana, Bol. del Inst. Geográf. Arg., XX, 452 y 453), dice que puede explicarse co-agua-cha==partícula verbal—Vira, gordura: es decir: «El Hacedor del Agua de la fertilidad».
[45] Montoya (XXIII, pág. 99) dá una breve noticia de Taapac, que quiere decir, según él, «hijo del Criador», al que tentaron con riquezas y blanduras.
[46] Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas (J. de la E.), página 316.